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Adamuz retrata a un gobierno sin honra

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Las víctimas y familiares del accidente ferroviario de Adamuz, en el que fallecieron 46 personas, se concentraron ayer frente al Congreso para exigir «verdad, justicia y garantías», es decir, el esclarecimiento de los hechos. Que tres meses después de la tragedia los afectados tengan que recurrir a una protesta pública ante la ausencia de respuestas a sus preguntas y de la debida reparación legal y moral por lo acontecido es motivo suficiente para abochornar a cualquier responsable con un mínimo de dignidad. A estas alturas, y tras el ministro Óscar Puente, avalado por Pedro Sánchez, y jaleado por sus compañeros de gobierno y de bancada, aguardar una brizna de probidad y rectitud solo conduciría a una amarga melancolía. Puente respondió ayer a las víctimas de Adamuz, a las que ha ignorado de manera artera y alevosa estos meses, conducta que no alteró a pesar de tenerlas a unas decenas de metros del Palacio de las Cortes, como solo lo puede hacer un cargo público con su perfil político y su singularidad moral. El ministro no alteró el relato elaborado en Moncloa para contener daños, diluir el conocimiento de la verdad y alentar el olvido como ha sido el patrón en otras crisis, es más lo recrudeció: las trapacerías relacionadas con el accidente y la investigación, algunas reconocidas por la propia Adif, son bulos y montajes de la ultraderecha. Cuestionó el informe de la Guardia Civil sobre las causas del siniestro, la rotura de la vía 22 horas antes sin que fuera detectada, y de propina conectó el ventilador para endosar a Juanma Moreno y las urgencias andaluzas una negligente reacción, los mismos que el ministro elogió unos días después del accidente. Para alimentar el humo con que ocultar o encubrir sus huellas en el desastre, activó una página web destinada a recopilar y desmentir informaciones que él considera falsas en otra grosera burla a las víctimas que si no es una malversación de fondos públicos se le parece demasiado. La verdad es que Sánchez no eligió a Puente por su pericia y capacidad para dirigir un departamento tan crucial como el de Transportes, sino como un activo en la guerra sucia del sanchismo contra todo adversario o amenaza al presidente, incluida la propia democracia y sus resortes. Su lealtad no es para los españoles, menos aún para las víctimas de Adamuz, sino para quien le sacó del retiro y le dio un papel de especialista sin escrúpulos. Veremos si finalmente se sale con la suya, y Adamuz es otra muesca que le sale gratis en el luctuoso historial del Gobierno. Sabemos que la Justicia cumplirá con su deber y que, por más obstruccionismo oficial, también conocemos que se alteró el lugar del siniestro, se manipularon y sustrajeron pruebas clave, se ocultaron carriles con fisuras como el de la tragedia y se cambiaron raíles sin justificación técnica, entre un cúmulo de irregularidades. Y todo ello sin autorización judicial. Puede que Puente no se siente en el banquillo. O sí. Pero él y Adamuz son el retrato de un régimen sin honra.


© La Razón