El huevo de la serpiente
En la imagen, una bailarina interpreta una variación clásica en el Central Park de Nueva York. Fotografía de la autora. / L.O.
El movimiento siempre persigue un objetivo. Andamos para llegar a algún lugar, nos ejercitamos con las pesas para ganar músculo, movemos los dedos para sacar música de un instrumento... Incluso cuando bailamos para expresar sentimientos, antes debemos dominar la técnica que rige cada paso. Nuestro cuerpo es una máquina que disciplinamos para obtener resultados.
Pero hay un tipo de movimiento que no persigue nada, puesto que su práctica es en sí misma el objetivo. Me refiero al yoga. Reconozco que solo llevo unas semanas iniciándome en los asanas, el pranayama, los chakras, el kundalini y esas cosas. Por cierto, mi admiración hacia el escritor Emmanuel Carrère, que presume en su libro ‘Yoga’ de ser capaz de pasarse ocho horas sin mover un músculo en su zafu. Yo soy torpe y nerviosa, pero reconozco que hay un placer inmenso en el arte de meditar y desperezarse sin complejos o, como lo llama mi compañero, "rezar con el cuerpo".
Sábado 25 en abril, crisis mil
El precio del barril de Brent alcanza su máximo desde el inicio de la guerra con Irán y se........
