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Un berrinche más…

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La controversia entre el Gobierno Nacional y la junta del Banco de la República no es una discusión técnica por posturas económicas divergentes, es simplemente un nuevo berrinche de Petro porque no hacen lo que él quiere.

En los 44 meses de gobierno, todo aquel que ha tenido la osadía de apartarse de su pensamiento es sujeto todo tipo de ataques, sobre todo cuando se trata de fallos que no le autorizan o desaprueban sus desatinadas ideas.

Desde las Altas Cortes y los tribunales, pasando por la registraduría, procuraduría, fiscalía, ahora el Banco de la República, han sido blanco de las criticas de Petro porque en cumplimiento de sus funciones han impedido sus torpes, a veces ilegales, intenciones de modificar lo que regularmente funciona.

A Petro le incomoda la institucionalidad tal como quedó establecida en la Carta Política del 91 a pesar de haber sido aprobada por el mismísimo M-19 que presidió de manera colegiada la Asamblea Constituyente que la elaboró.

Entonces acude al “pueblo” proclamándose como vocero auténtico de este y desconociendo que no es el único elegido por voto popular, porque a pesar del mandato recibido, su poder está determinado por lo establecido en las normas constitucionales y legales.

Afortunadamente para Colombia esa institucionalidad no ha permitido que la quebranten, al contrario, ha sido firme en la defensa de la democracia cumpliendo las funciones y obligaciones definidas en la Carta Magna.

Pronto aparecerá con alguna otra pataleta de niño malcriado, algo no le gustará, acudirá por supuesto a difundir mentiras para lo cual es un verdadero experto, volverá a disfrazarse como vocero del “pueblo”, invocará marchas y protestas, pero no hará ninguna propuesta coherente, o al menos ejecutable, que solucione el problema.

Tampoco supongan que ese comportamiento bizarro terminará el 7 de agosto, luego de ese día seguirá con sus insustanciales apreciaciones y contradictorios comportamientos. Si su candidato gana las elecciones muy pronto se sentirá traicionado porque no actúa como su marioneta y procederá a bautizarlo como enemigo de su causa.

En caso de que el ganador sea un candidato contrario asegurará que hubo fraude sin mostrar prueba alguna que lo demuestre y hará lo que esté a su alcance para obstaculizar al nuevo gobierno.

Nada bueno podemos esperar de Petro, es una mala persona y ha sido un pésimo presidente y no existe la más mínima probabilidad de que se comporte decentemente como expresidente.  


© La Nación