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No al pacto de silencio

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27.03.2026

Las violencias basadas en género (VBG) son conductas que generan daños físicos y psicológicos a quienes las padecen. Se fundamentan en estereotipos y roles tradicionalmente asignados a las categorías binarias de sexo, esto es, hombres y mujeres. Las VBG se desarrollan a partir de relaciones asimétricas de poder que tienden a sobrevalorar lo masculino y a subestimar lo femenino. En ese sentido, se difunden en el imaginario colectivo ideas erróneas sobre el valor y los comportamientos que deben asumir quienes pertenecen a uno u otro género, reproduciendo estructuras patriarcales de dominación y discriminación.

Según cifras del Observatorio Nacional de Violencias de Género, durante el año 2025 en Colombia se presentaron 158.074 casos de VBG, de los cuales el 75,7 % fueron padecidos por mujeres. Es decir, seguimos siendo las mujeres las principales víctimas de estas violencias, que ponen en peligro la vida y la integridad física y psicológica de quienes se enfrentan a conductas de esta naturaleza.

Recientemente se hicieron públicas denuncias por acoso sexual contra Ricardo Orrego y Jorge Alfredo Vargas, dos curtidos periodistas de la televisión nacional, que recientemente fueron apartados de sus cargos por conductas que se enmarcan dentro de las violencias sexuales, que incluyen, entre otras, el acoso, la explotación y el abuso sexual. Mujeres valientes se atrevieron a denunciar, a pesar de las consecuencias, a sus presuntos agresores, resguardados bajo posiciones de poder que los hacían “intocables”.

No resulta fácil denunciar. Las mujeres que se han atrevido terminan, en no pocos casos, revictimizadas, tildadas de mentirosas, locas o exageradas. Por mucho tiempo, la sociedad ha restado valor al relato de las mujeres y ha dado mayor credibilidad a la versión de los agresores. En otros casos, quienes denuncian acoso sexual o laboral son, a su vez, denunciadas por sus victimarios. Tal es el caso de Lina Castillo, quien denunció al gerente de RTVC, Hollman Morris. Este, ante las acusaciones, la denunció por injuria y calumnia. Lo paradójico es que, mientras la denuncia de Castillo no avanzaba, la de Morris sí lo hacía. La situación cambió sustancialmente el pasado 10 de marzo, cuando la Fiscal General de la Nación reasignó el fiscal a cargo y el juzgado de conocimiento rechazó la solicitud de preclusión de la investigación presentada por Morris. El caso sigue vivo. Que se conozca la verdad de lo sucedido y que el responsable sea rigurosamente investigado, juzgado y sancionado.

“El coraje de una se vuelve de otras”, señaló Yolanda Ruiz en su columna en el diario El País. Que así sea. Desde este espacio, invito a las mujeres a alzar la voz, a quebrar el pacto de silencio que durante décadas nos ha dejado vulnerables, cargando con la culpa y la vergüenza. Cero tolerancia frente a las violencias basadas en género. No hay violencias grandes o pequeñas: las conductas abusivas y violentas se combaten y se erradican. Las invito a ser parte de esta lucha cotidiana. Que el ser mujer nos una en sólidos lazos de sororidad y que, donde haya una mujer, encontremos siempre espacios seguros para ser y vivir. Hay camino por recorrer.


© La Nación