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Las nuevas plagas

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02.04.2026

Hace milenios Yahvé castigó con plagas a Egipto para doblegar al Faraón y así el río Nilo ensangrentado mató los peces. Las ranas invadieron el territorio. Piojos, mosquitos, langostas, moscas carnívoras, úlceras y llagas carcomieron humanos, animales y cultivos. Granizo, fuego y tinieblas. Finalmente, muerte a los primogénitos. 

Israel es Tierra Santa para judaístas, cristianos e islamistas por haber sido la tierra de Jesús, escenario de muchos acontecimientos del Antiguo y Nuevo Testamento. Además, según Isaías 24:23, después de que castigue a Satanás y sus seguidores, “Dios todopoderoso reinará desde Jerusalén”, y según el profeta Joel “Yo soy vuestro Dios, y Jerusalén será santa”.

Jerusalén sigue ocupada atrabiliariamente por Israel, aunque para Irán es símbolo central de su política exterior y religiosa.

Respaldando a Israel, Trump amenaza con modernas plagas a Irán como destruirle centrales eléctricas, pozos petrolíferos, su estratégica isla de Jark, plantas desalinizadoras que suministran mayoritariamente su agua potable, apropiarse 450 kilos de uranio -fundamental para la energía nuclear- y desplegar regionalmente miles de soldados. Ya llegaron 3.500 de Asia y tropas dispersas mundialmente vienen reuniéndose para quizá intentar reabrir el estrecho de Ormuz, mientras Irán afina puntería disparando menos misiles causando mayor destrucción, como cuando recientemente impactaron en Qatar la planta gasífera más grande del mundo.  

Considerando el plan negociador trumpista como una despótica rendición inaceptable para lograr lo que no ganó en la guerra, el Parlamento iraní advierte “estamos esperando que las tropas estadounidenses desembarquen para bombardearlas. Vengaremos la sangre de nuestros mártires, Irán no aceptará la humillación”, y exige compensación por los daños sufridos durante la guerra, retirada de las bases estadounidenses de la región, garantías de no agresiones futuras y mantener su propio programa nuclear. Entre tanto, con otra moderna plaga amenaza acorralar a Trump exigiendo soberanía sobre el estrecho de Ormuz para convertirlo en peaje de billones de dólares anuales y torniquete discrecional sobre la economía europea y mundial, mientras Trump payaseaba anunciando una Irán debilitada y que podría cerrar dicho Estrecho “en dos minutos”. Sin embargo, los estadounidenses ya pagan por galón de diésel más de 5,30 dólares, superior en 40% a cuando comenzó la guerra.

Pero mientras el Papa gringo León XIV proclamaba: “Depongan las armas. Recuerden, son hermanos”, Trump llamaba a sus seguidores: “Recen por nuestras fuerzas armadas”, León ripostaba: “Dios no escucha oraciones a quienes hacen la guerra” y Washington replicaba: “no hay nada malo en pedir orar durante la guerra”, Irán habilidosamente anunciaba “paso libre a buques de países europeos que expulsen embajadores norteamericanos e israelíes” y que los empleados de 18 compañías ciber-tecnológicas gringas abandonen sus puestos laborales en todo el medio oriente porque serán bombardeadas.                                                                       

Copiando al Maestro, “Quien no está conmigo, está contra mí” (Mateo 12:30).


© La Nación