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De la sobrepesca a la recuperación: el modelo de pescadores que rescató al erizo rojo en la costa sur de Perú

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18.07.2026

De la sobrepesca a la recuperación: el modelo de pescadores que rescató al erizo rojo en la costa sur de Perú

Desde hace casi 10 años, los extractores de mariscos de Arequipa dejaron de competir y aprendieron a cuidar el recurso del que depende su futuro. Con acuerdos voluntarios, organización y una inédita estrategia de autorregulación, consiguieron que el Gobierno Regional apruebe una declaración de interés para la implementación del Plan de Extracción.

La niebla es densa y trae consigo una llovizna copiosa que moja la ropa rápidamente. Son las siete de la mañana en el puerto de Matarani, uno de los más grandes del sur peruano y Juan Huari y Wilmer Oxsa preparan la embarcación para salir a altamar. Son dos hombres de mar que se dedican a la extracción de erizo rojo (Loxechinus albus) y otras especies de bentónicas que habitan en los bosques marinos de macroalgas en las costas de la región de Arequipa, como el pulpo, el chanque y la lapa.

Mientras Wilmer Oxsa prepara el motor, Huari va limpiando la plataforma donde más tarde permanecerá la pesca del día y en menos de 15 minutos salimos del puerto sorteando y empujando otros botes como en un pequeño laberinto.

Nos dirigimos hacia unos riscos ubicados al sur. El mar está movido pero a los pescadores no parece impresionarlos. A un lado aparecen lobos marinos que descansan sobre las boyas; al otro, bandadas de gaviotas sobrevuelan la bahía esperando el momento oportuno para lanzarse al agua. Después de casi cuarenta minutos de navegación, los acantilados de Matarani quedan atrás y el motor se detiene frente a un grupo de riscos donde el océano adquiere un tono verde oscuro. Llegamos a la zona de pesca.

Aquí, Huari, buzo artesanal, se coloca el traje hecho de neopreno negro para bucear y Oxsa enciende la compresora de aire en la embarcación; un zumbido sordo inunda el espacio mientras el aire empieza a correr por la manguera transparente que Huari se acomoda en la boca, listo para el descenso. Estos dos son equipos básicos de su oficio: uno para protegerlo del frío de las corrientes del Pacífico y el otro para proveerle oxígeno mientras profundiza en el océano. De igual forma, la extracción bajo la modalidad de buceo con compresora requiere de la confianza de dos: en tanto el buzo permanece sumergido, el tripulante va monitoreando el bombeo del oxígeno y dirige el bote para evitar que encalle.

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A pesar del frío y la humedad de las mañanas de invierno en el puerto de Matarani, Arequipa, los pescadores siguen trabajando. Foto: Roberth Orihuela

Luego de unos minutos de preparación y con la naturalidad de quien ha repetido el mismo movimiento cientos de veces, Juan Huari toma aire por última vez, se deja caer al mar y desaparece. Lleva consigo una ganzúa y una canasta de malla (capacho); además, toma una larga manguera por la cual transita el aire, y profundiza. Desaparece. La única evidencia de que sigue allí es la manguera que serpentea mientras se mueve en las profundidades entre el bosque marino y las rocas.

¿Por casi una hora? Es difícil decirlo. El tiempo pasa lento cuando el bote no hace más que moverse de un lado a otro sin parar. Oxsa —un tripulante de 52 años de edad— permanece imperturbable monitoreando desde la embarcación que la compresora no detenga su producción de aire para Huari. Y es que desde los 23 años se dedica a la pesca artesanal profesional, desde el buceo hasta el acompañamiento de sus colegas, como Huari en sus faenas mar adentro.

Cuenta que hasta antes de 2014 la extracción de erizo rojo era indiscriminada, una competencia entre buzos. “El que tenía mejores condiciones sacaba varios sacos y sacos, no había límite. A lo que el cuerpo diera”, dice Wilmer Oxsa y hace una pausa.  “Y como estaba barato, debíamos sacar todo lo posible”, agrega.

Pero la bonanza no duró mucho. “Llegó un momento en que empezaban a sacar erizo muy pequeño. Así…”, muestra con la palma de su mano unos tres dedos juntos o cuatro o cinco centímetros, muy por debajo de lo que señala la Resolución Ministerial 209-2001-PE, que establece un tamaño mínimo de siete centímetros para la pesca del erizo rojo.  Además, la población de erizo en las zonas de extracción se redujo considerablemente. Se dieron cuenta que si seguían a ese ritmo el erizo desaparecería. “Nosotros fuimos peor que el Fenómeno de El Niño, que ya había agotado el erizo en la zona”, dice.

“Entonces decidimos parar la extracción por dos años. Fue una veda que nosotros mismos nos impusimos”, cuenta Oxsa mientras arranca el motor para evitar que el bote siga acercándose a los riscos.

Una decisión nada fácil para ellos, pero tremendamente impactante para el ecosistema marino.

Juan Huari se enamoró del mar cuando era muy joven y desde entonces se sumerge para extraer sus frutos. Foto: Roberth Orihuela

Acuerdos por la sostenibilidad

El erizo rojo no es cualquier especie. El especialista del Instituto del Mar Perú (Imarpe) Stevens Lucero Pérez explica que la función de este equinodermo es regular los bosques de algas marinas, pues se las comen, principalmente a las que mueren, devolviendo los nutrientes a la cadena trófica y manteniendo así el balance en las........

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