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1968: nuevas (y polémicas) interpretaciones

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23.04.2026

Lo común es afirmar que el movimiento estudiantil y popular de 1968 cifró uno de los momentos decisivos en el largo, sinuoso y accidentado proceso de democratización de la vida pública del país. Proceso que, seis décadas después, no deja de estar estacionado en una suerte de infancia perene. Vista desde la perspectiva actual, la vocación democrática que inspiró a las movilizaciones de ese año ha quedado consignada en estudios históricos cada vez más detallados. ¿Dónde quedó –o se extravió– ese legado? 

En el México de los años 60, el embalaje autoritario de las diversas formas de poder definía la vida, prácticamente, desde la cuna hasta la sepultura. Además de establecerse en una cúpula visible, era una capilaridad. La figura del padre ausente y omnímodo se puede leer en las novelas de Juan Rulfo y Carlos Fuentes. Lo que enseñaban maestros y docentes en las escuelas era una gramática de la resignación. 

En la prensa y la radio, una coma equivocada sobre la corte presidencial bastaba para ganarse el despido y el olvido, si no es que más. El cálculo reciente de José Inclán –4 a 1 entre manifestaciones autorizadas y no autorizadas en el año de 1967– no es una simple estadística: es la geometría de un espacio público minuciosamente parcelado. 

Lo que irrumpió entre junio y octubre de 1968 no fue una ideología........

© La Jornada