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La derrota de «Putin»

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20.07.2026

Cuando hablamos de «Putin», no debemos pensar en un individuo aislado, sino más bien en un fenómeno histórico que surgió tras el fracaso del intento de reforma de Yeltsin.

Durante aquel periodo, Rusia sufrió un colapso demográfico y económico; sus vastos recursos cayeron en manos de unos pocos oligarcas, la delincuencia y la mafia campaban a sus anchas, y el país se hallaba al borde de una desintegración aún más devastadora tras la disolución de la URSS.

Así nació «Putin»: no solo una persona, sino un proyecto que abarcaba dos objetivos estratégicos fundamentales que debían perseguirse de forma simultánea:

1) Proteger la integridad y la soberanía de Rusia frente a fuerzas de desintegración internas y externas; 2) Integrar a Rusia en Europa.

En marzo de 2000, Putin llegó incluso a plantear la posibilidad de que Rusia se uniera a la OTAN. La razón de estos acercamientos era evidente: la adhesión a la OTAN serviría de garantía contra la desintegración del país. Aseguraría que naciones históricamente hostiles a Rusia --principalmente el Reino Unido--, al convertirse en aliadas, no tuvieran interés alguno en fomentar la inestabilidad y, por el contrario, respaldaran la integridad territorial rusa.

Sin embargo, aquello no llegó a buen puerto. Por aquel entonces, Occidente parecía ejercer un dominio global absoluto; EEUU parecía no necesitar a nadie, y China se percibía como una potencia relativamente inofensiva: poco más que un lugar donde extraer plusvalía.

Inevitablemente, esto obligó a Rusia a salvaguardar su integridad territorial por sus propios medios, consciente de que se enfrentaría a constantes desafíos........

© La Haine