menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

La violencia contra VOX

17 0
18.04.2026

Patxi López lo comparó nada menos que con el 23-F. «Esto solo ha pasado dos veces, la anterior con Tejero». El ministro Bolaños afirmó que «España merece respeto institucional». Como si estuvieran ellos para dar lecciones. El PSOE pidió una sanción «contundente». La secretaria de organización del partido, Rebeca Torró, la misma que llegó tras el nombramiento frustrado de Paco Salazar, manifestó que «amenaza la democracia».

Me estoy refiriendo, por supuesto, al incidente protagonizado por el diputado de VOX por Alicante José María Sánchez. Ya salí en su defensa en mi canal de YouTube (Rius TV) y me dijeron de todo. Martina Velarde, con una bandera bien grande de Free Palestine en su perfil en X, afirmó que estaba «enfermo de odio».

Curiosamente es lo mismo que decían, durante el procés, los indepes a los críticos, los escépticos, los tibios, los moderados: que estábamos enfermos o directamente que éramos malas personas. Otro perfil de izquierdas se metía con mi madre, fallecida en el 2011. Le deseé, de todo corazón, que la suya gozara de buena salud.

El vicepresidente primero del Congreso, Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, se hizo la víctima al día siguiente con Silvia Intxaurrondo en TVE. «Lo único que pensaba es por dónde me iba a llegar el sopapo», declaró.

Yo, en cuanto vi las declaraciones de José María Sánchez García en los pasillos de la cámara baja, lo entendí todo. Explicó que un diputado de ERC le había llamado «criminal y asesino». Mientras lo hacía, pasó alguien por detrás, supongo que otro parlamentario, y le dijo: «Márchese».

El colega Xavier Horcajo, que lo tiene de tertuliano en su programa de Más se perdió en Cuba de El Toro TV, me explicó que es de los invitados más educados que conoce. No en vano es doctor en Derecho, juez en excedencia, letrado del Tribunal Europeo de Justicia y ha trabajado, como abogado, en dos bufetes internacionales. Uno británico y el otro americano. No creo que tengan a hiperventilados en sus plantillas.

Entre los tuits que me llamaron la atención había el de Toni Valero, de Izquierda Unida en Andalucía y también diputado, que le acusaba de haber estado dando la matraca toda la mañana «a un estúpido diputado de ERC». ¿»Estoico»? Jordi Salvador Duch es el mismo al que acusó Josep Borrell en el 2019 de haberle lanzado un salivazo. La presidenta de la cámara, Ana Pastor, había expulsado a Gabriel Rufián al tercer aviso y todos los de Esquerra desfilaron en fila india. Los socialistas aplaudían. 

Al pasar por delante del entonces ministro de Exteriores, se produjo el incidente. Dudo mucho de que Borrell se lo inventara. «El hemiciclo es el lugar donde se argumenta con la palabra, no el lugar en el que se escupe a los diputados como acaba de suceder», expuso.

Duch ni siquiera tuvo el valor de pararse. En las imágenes se ve cómo se detiene otro diputado, Joan Capdevila. Le conozco porque antes había sido mi veterinario. Bueno, el de mi perro. Pasó de Unió Democràtica a ERC. Un día le dije cómo es que él, que era de misa, podía compartir grupo con Rufián, que se declaraba «marxista». Me respondió que «eso tú, que vas con los españoles». Dejé de llevarle a mi mascota.

Se quedó mirando a Josep Borrell como si la alusión fuera con él. Jordi Salvador no tuvo el valor. Se fue como aquellos niños que disimulan tras hacer una trastada en clase. Luego compareció Joan Tardà para negar los hechos junto al resto de parlamentarios republicanos. Él estaba en un extremo. Se mantuvo en silencio.

Hay que decir que es licenciado en Geografía e Historia en la Universidad Rovira i Virgili de Tarragona (URV), maestro de EGB, doctor en Antropología Cultural y Social y secretario general de la Unión General de Trabajadores de Cataluña en Tarragona. Lo cual dice mucho de cómo están la universidad, la educación y la UGT.

José María Sánchez pidió la palabra, pero Gómez de Celis no se la dio. Subió a la tribuna y cuando volvió a su escaño, el dirigente de ERC repitió los insultos. De ahí su indignación. A medida que aumentan sus expectativas electorales, equiparan a VOX con el fascismo. E incluso con la violencia. Pero no he visto nunca a nadie de esta formación quemar no ya un contenedor, sino ni siquiera una papelera.

No puedo decir en cambio lo mismo de los indepes, que durante el proceso cortaron autopistas, bloquearon el AVE, ocuparon el aeropuerto y hasta impidieron el paso por la frontera internacional de La Jonquera durante tres días. Sin olvidar los cientos de contenedores durante una semana en Barcelona.

En el pleno del pasado jueves, el diputado autonómico Sergio Macian tuvo que pedir la palabra porque el de la CUP Dani Cornellà dijo fuera del hemiciclo que «contra la chusma, golpes de puñetazo» en alusión precisamente a los de VOX. Había testigos. El cupaire Xavier Pellicer respondió que «esto no se ha producido en la sesión plenaria». O sea, que se produjeron. Pero en el pasillo. 

Lo mismo dijo, por cierto, una estrella de TV3, Jair Domínguez, que ahora VOX ha llevado a juicio. Ni que decir, sin embargo, que en las redes o en la cadena autonómica son más valientes. Porque, delante del juez, se acojonan. En este caso alegó que fue «una expresión metafórica». O la mujer de extrema izquierda que acudió a una carpa de VOX en Horta-Guinardó y les espetó: «No tenéis ni voz ni voto, no deberíais existir«. «No me sale de los cojones que existáis», insistió.

Y finalmente los antifascistas que han intentado boicotear un mitin de VOX en Granada. En la que resultó agredida la diputada María Ruiz, diputada nacional y vicesecretaria de organización. Eso es muy grave porque el derecho de participación política es fundamental en democracia.

Siempre recordaré un mitin de Santiago Abascal en Salt el 7 de febrero del 2021, durante unas elecciones autonómicas, en el que les lanzaban objetos contundentes a pesar del dispositivo de los Mossos. Abascal se dirigió al jefe del operativo y le espetó: «¿Va a seguir usted permitiendo esto?». El mando de la policía autonómica, que luego me enteré de que era indepe, se defendió asegurando que “estamos interviniendo” cuando todavía llovían piedras y huevos. Pero luego, los violentos son los de VOX.


© La Gaceta