Contra la impotencia
Mi impresión a pie de calle es que la toma de Ceuta está produciendo una devastación moral en los españoles. Hablo con unos y con otros y pienso —por una elemental asociación de ideas— en el estado de ánimo tras el Desastre de Cuba. El sentimiento preponderante es la impotencia, aunque con diversas modulaciones: desde la indignada que sólo puede —se queja— quejarse hasta la más rendida, que se resigna a perder antes o después las dos ciudades.
Mi sospecha es que esa impotencia no es un resultado sobrevenido, sino lo que se busca desde el poder. El otro día compartí la bandera de Ceuta —bellísima, por cierto— en mis redes sociales y un amigo de cuyo patriotismo no tengo la menor duda me afeó el gesto porque «sólo el Gobierno puede hacer algo». Eso quiere el Gobierno: que lo dejemos solo. Convierte hasta su propia impotencia política en motivo para asfixiar toda posibilidad de respuesta civil. Al poder le molesta tanto cualquier competencia que yo creo que lo que más le irrita de Dios es su omnipotencia. Cualquier otra cosa la podrían tolerar.
La democracia es (o era) todo lo contrario de un poder........
