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En defensa de la sociedad frente al fascismo

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21.02.2026

Unir un proceso de mayor democratización política y social en estos momentos de crisis sistémica sigue siendo la garantía de que las mayorías sociales tengan voz, proyecto y autonomía. La secuencia izquierdista se perdió entre república y socialismo y debe tener posibilidades reales de encuentro protagonizando el derecho a decidir su futuro y organizar su modo de vida.

Tenemos todo el derecho a organizarnos como sociedad frente al fascismo y al capitalismo que ellos representan. El objetivo ha de ser la construcción de una economía centrada en las necesidades básicas de las personas, que sea socialmente sostenible, que deje abierta la posibilidad de modelos sociales  y económicos en una fundamental perspectiva de cooperación social.

Garantizar los derechos sociales será el elemento fundamental y esencial para todos en un Estado que intervenga activamente en la economía, regule el mercado, planifique el desarrollo y distribuya la renta, la riqueza y el poder.

El que hemos llamado “Estado de las Autonomías” ha dado de sí todo lo que cabía esperar y ha dado que reflexionar sobre la desigualdad que ello ha supuesto: inversiones en sanidad, impuestos, libertades absolutamente desiguales, reinando la incompatibilidad social con el neoliberalismo dominante de privatizaciones, desregularizaciones, desequilibrios y precariedad. Este tipo de implicación reguladora de Europa ha dividido las naciones, fomentando un modelo social contrario a las aspiraciones mayoritarias de las personas, de los pueblos. España se ha convertido en una Comunidad Autónoma de Europa. Le hemos traspasado una gran parte de nuestra soberanía y de la que hoy en día somos rehenes sin haberlo decidido democrática y colectivamente. O la UE pasa a ser un Estado Federal o los estados tendrán que reclamar su plena soberanía para poder corregir la desigualdad imperante.

Hemos visto y palpado de forma absolutamente negativa que el intento de “refundar el capitalismo” mediante un ajuste económico y social dictado por los poderes económicos de siempre, ha perjudicado a la mayoría de la gente y ha profundizado aún más en la crisis sistémica.

Pero hoy en día, lo utópico es pensar que se puede volver a la situación anterior; que las crisis sufridas han sido cosa de unos años y que los sacrificios de ayer y hoy serán los beneficios del mañana. Aunque lo nieguen, ellos saben perfectamente que no será así y que las diferencias que hay en la clase política de este país están más en el cómo que en el cuándo y que, al final, deberá ser la ciudadanía la que tendrá que soportar los ajustes duros de cada crisis viendo como se amenazan y disminuyen los derechos sociales, laborales y democráticos. En definitiva, si la sociedad no arrincona el fascismo ascendente de España y de Europa, no me cabe duda de que volveremos, una vez más, a ser súbditos y ya nunca más ciudadanos y ciudadanas.

El objetivo que presentaron el Sr. Rufián y EL Sr. E. Delgado se debe basar en dos actitudes nada fáciles: defender principios claros y hacerlo sin sectarismos. Lo decisivo e importante ha de ser la acción, compromisos concretos que movilicen, generen presencia pública y dé a las gentes progresistas confianza en sus propias fuerzas. Trazar alianzas desde abajo, partiendo de las necesidades de las personas y con la vista puesta en ampliar las dimensiones del movimiento progresista.

No hay tiempo que perder. Tenemos los días contados mientras el fascismo consigue el apoyo financiero y mediático de las corporaciones, nosotros escaseamos de recursos y de tiempo, pero no de voluntad.

Prudenci Vidal Marcos


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