De sapiens y hormigas o ratas
Si han leído ‘Sapiens’, del historiador Yuval Noah Harari, ya conocerán su teoría sobre el éxito evolutivo del homo sapiens y la capacidad de lo que él llama la cooperación flexible. Según Harari, “todos los grandes logros de la humanidad a lo largo de la historia, ya sea construyendo las pirámides o volando a la luna, no se han basado en habilidades individuales, sino en esta capacidad de cooperar de manera flexible a gran escala”.
Harari defiende que hay, básicamente, dos formas de cooperación: la rígida, que es la que utilizan las abejas o las hormigas, que trabajan organizadas, pero siempre siguiendo el mismo patrón. Y la forma flexible, que tiene dos variantes, la de los lobos o los chimpancés, por ejemplo, que son capaces de comunicarse y cooperar de forma flexible en pequeños grupos. Es la forma que utilizamos los sapiens (o casi todos los sapiens, luego entenderán la excepción). Se basa en la cooperación flexible y entre un número incontable de personas. Esta capacidad es la que, según Harari, explica que los seres humanos dominemos el planeta.
Como pasa con todo, para que esta cooperación ocurra hay que quererlo, no basta con tener la capacidad. Desgraciadamente, cada vez más dirigentes políticos entienden la relación entre diferentes instituciones y grados administrativos como si fueran abejas u hormigas. Es decir, siguen patrones de cooperación rígida que se traducen básicamente en un principio: ante todo lo que se proponga desde La Moncloa la respuesta es no.
Un ejemplo: el Gobierno aprueba una........
