Durante mucho tiempo llegué a sentir lástima por la señora Ayuso. Me explico. Siempre he tenido claro que la presidenta de la comunidad de Madrid supo y sabe de sobra que las decisiones políticas que tomó en relación a las residencias públicas durante la tragedia del covid fueron desastrosas y que supo y sabe sin excusas que su actuación administrativa condenó a una muerte horrible a miles de personas. Ahí es donde entraba en juego mi compasión hacia ella, lo confieso. “Seguro que no puede dormir”, “tiene que estar destrozada por dentro”, “su conciencia debe ser una hoya a presión” y otro tipo de reflexiones habitaban mi cabeza hueca socialista. La consideraba una persona rota moralmente por dentro que continuaba subida al escenario.

Sin embargo, los últimos acontecimientos me han hecho descubrir la verdad. A la señora Ayuso no le importa absolutamente nada el dolor y el sufrimiento de la gente (más allá de su círculo pijo-chic-familiar); a la señora Ayuso solo le interesa el poder para ser más poderosa. No quiere un Madrid mejor, quiere que su Versalles particular sea mejor a golpe de millones ‘pa la saca’. Es tal el grado de inmoralidad de su comportamiento que provoca náuseas. La única alternativa que veo a este infierno ético es que su pareja la tuviera engañada del todo, que ella no supiera nada. No es algo extraño en ese círculo de personas que viven con el impulso de las hienas en los mundos de Yuppi. Vamos a ponernos todos en su lugar por un momento, seamos empáticos y sinceros a la hora de contestar a dos preguntas. Como presidentes de la comunidad de Madrid, ¿habríamos permitido que nuestra pareja ganara millones de euros en comisiones sanitarias mientras miles de ancianos agonizaban a su suerte en residencias que dependían de nosotros? ¿Cómo presidentes de la comunidad de Madrid habríamos permitido que nuestra pareja, borracha de codicia, todavía quisiera más dinero e intentará defraudar a Hacienda? Quizá muchos de los votantes del PP responderán de manera afirmativa a estas preguntas, pero estoy convencida de que muchísimos otros responderán que no.

Siempre me han gustado los finales humanos que hablan de redención. En el caso de Ayuso solo me imagino uno: Ella deja a su pareja, deja la política y se mete en un convento a purgar sus pecados. Todo lo que no sea esto demuestra que su inhumanidad y ambición la han convertido en un monstruo. Un monstruo creado y sostenido por 1.586.985 votantes. Ella está demostrando ser lo que es: alguien despreciable. Dentro de poco les tocará el turno a los que rieron sus gracias.

Mar Espinar es diputada del PSOE en la Asamblea de Madrid

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El Versalles de Ayuso

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02.04.2024

Durante mucho tiempo llegué a sentir lástima por la señora Ayuso. Me explico. Siempre he tenido claro que la presidenta de la comunidad de Madrid supo y sabe de sobra que las decisiones políticas que tomó en relación a las residencias públicas durante la tragedia del covid fueron desastrosas y que supo y sabe sin excusas que su actuación administrativa condenó a una muerte horrible a miles de personas. Ahí es donde entraba en juego mi compasión hacia ella, lo confieso. “Seguro que no puede dormir”, “tiene que estar destrozada por dentro”, “su conciencia debe ser una hoya a presión” y otro tipo de reflexiones habitaban mi cabeza hueca socialista.........

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