menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

¿Infraestructura a toda velocidad?

24 0
15.03.2026

En el debate reciente sobre infraestructura pública en el Perú ha comenzado a comentarse un concepto que suena prometedor: el llamado inicio anticipado de proyectos. La expresión transmite movimiento, urgencia, la sensación de que el Estado finalmente ha decidido acelerar el paso para cerrar la enorme brecha de infraestructura que el país arrastra desde hace décadas. La idea, en principio, es sencilla y responde a una preocupación real. Durante años hemos visto cómo grandes obras quedan atrapadas en expedientes, revisiones técnicas y autorizaciones interminables antes de que la primera máquina llegue al terreno. Carreteras, hospitales o sistemas de drenaje pueden pasar años discutiéndose en escritorios antes de que aparezca la primera retroexcavadora. Frente a ese problema, el inicio anticipado se presenta como una respuesta audaz que permite que ciertas fases de un proyecto comiencen antes de que todos los procesos administrativos hayan concluido por completo. Mientras algunos aspectos del proyecto siguen afinándose en el papel, la obra puede empezar a avanzar en el terreno. En términos simples, se trata de recuperar tiempo. En un país que enfrenta déficits enormes en transporte, saneamiento, energía o prevención de desastres, cualquier mecanismo que permita acelerar la ejecución de proyectos parece, en principio, una buena noticia. Cada año que una obra se retrasa tiene consecuencias muy concretas: menos competitividad, mayores costos logísticos, servicios públicos deficientes y oportunidades de desarrollo que simplemente se pierden. La lógica, entonces, resulta comprensible. Si el Estado puede iniciar proyectos antes, el país podría avanzar más rápido en cerrar su brecha de infraestructura. Sin embargo, como ocurre con muchas ideas seductoras en política pública, la pregunta importante no es solo qué tan rápido podemos empezar, sino qué tan bien podemos sostener lo que empezamos. La infraestructura no es únicamente una cuestión de voluntad política o eficiencia administrativa. Es, sobre todo, una cuestión de planificación financiera. Los proyectos de gran escala requieren recursos sostenidos durante varios años, cronogramas realistas y una coordinación institucional capaz de acompañar su ejecución de principio a fin. Cuando ese equilibrio existe, acelerar ciertos procesos puede ser una herramienta útil. Pero cuando la velocidad administrativa no está respaldada por la misma solidez financiera, el riesgo aparece rápidamente: el sistema comienza más obras de las que realmente puede sostener. La experiencia internacional muestra que los problemas de infraestructura rara vez aparecen cuando se inicia un proyecto. Surgen después, cuando llega la etapa más difícil: mantener el ritmo de ejecución, asegurar el financiamiento y gestionar contratos complejos durante años. No es extraño que proyectos que comienzan con entusiasmo terminen enfrentando retrasos presupuestales, cambios de alcance o reprogramaciones financieras. Lo que inicialmente parecía una estrategia para acelerar el desarrollo puede convertirse, con el tiempo, en un ciclo de obras prolongadas o inconclusas. El verdadero desafío de la infraestructura pública no es empezar proyectos más rápido, sino asegurar que el sistema tenga la capacidad institucional y financiera para llevarlos hasta el final. El Perú necesita acelerar su inversión en infraestructura, sin duda. Pero también necesita hacerlo con coherencia. La velocidad puede ser una virtud cuando forma parte de una estrategia sólida. Cuando se convierte en un objetivo por sí mismo, corre el riesgo de ocultar debilidades más profundas en la forma en que planificamos nuestras obras públicas. Y allí aparece la paradoja. Mientras discutimos cómo acelerar el inicio de nuevos megaproyectos, algunas obras que ya están en ejecución enfrentan incertidumbre presupuestal o dificultades para sostener su ritmo de avance. La pregunta, entonces, es si el sistema está preparado para terminar lo que empieza. Porque en infraestructura el progreso de un país no se mide por la velocidad con la que se anuncian los proyectos, sino por la capacidad de concluirlos. Y esa diferencia, entre empezar y terminar, suele ser mucho más grande de lo que parece.

Mira más contenidos en Facebook, X, Instagram, LinkedIn, YouTube, TikTok y en nuestros canales de difusión de WhatsApp y de Telegram para recibir las noticias del momento.

📲 Noticias a tu WhatsApp

Presiona AQUÍ y únete a nuestra comunidad 'Noticias al instante'.


© Expreso