Lo que no mides te cuesta: la inclusión como KPI
Lo que no mides te cuesta: la inclusión como KPI
Muchas empresas cuando escuchan la palabra inclusión, prefieren mirar hacia otro lado. Temen que sea un terreno incómodo, que abra discusiones innecesarias o que complique la operación. La relegan a recursos humanos, la colocan en la sección de valores corporativos y siguen adelante.
El problema no es que incomode, el problema es que nunca paramos a cuestionarnos si podría ser útil.
Tratamos la inclusión como cultura no como sistema
Escuchamos a los líderes repetir que es parte del ADN de la compañía, que es un compromiso institucional. Pero casi nunca partimos de una pregunta más simple y más estratégica: ¿qué retorno genera?
Si la definiéramos sin discursos, sería algo bastante operativo: crear condiciones para que vidas no lineales sigan siendo productivas. Maternidades, paternidades, cuidados familiares, tratamientos médicos, momentos de salud mental. La vida no es una línea recta, el talento tampoco.
Sin embargo, muchas organizaciones siguen evaluando compromiso por horas visibles, permanencia física o disponibilidad permanente. Eso no es gestión de desempeño, es inercia.
Y si no entra al sistema, termina rompiéndolo.
¿Por qué elegimos optimizar el consumo, pero no el odio?
Lo que no se mide, se paga
Mientras la inclusión permanezca en la pared y no en el tablero financiero, seguirá siendo percibida como algo prescindible, pero su impacto........
