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No Kings Day

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01.04.2026

Hace un año que Donald Trump se hizo de nuevo con las riendas de la Casa Blanca, y parece que haya pasado un siglo; una sensación, la del tiempo parado en la derrota perpetua, que no solo padezco yo. Esta percepción —la de que vivimos en una incertidumbre constante como consecuencia de estar sometidos a los antojos de una mente psicopática— ha teñido el ambiente de un pesimismo y de un cabreo que hacía años que no percibía. Nadie habla de futuro; todo el mundo menciona el presente con una pesada añoranza del tiempo pasado. Un pasado, por cierto, perifrástico, porque hace un año que esta bestia naranja tomó las riendas de la Casa Blanca, y parece que haya pasado un siglo desde que él y los integristas sionistas y sus interlocutores mediáticos decidieron convertir el mundo en una ruleta rusa. Siempre con permiso de Putin, por supuesto.

Que a Donald Trump le gustaría ser rey del mundo, al estilo de James Cameron, es una evidencia, y todo parece apuntar a que el indigno dignatario está preparando una segunda versión del Titanic, esta a escala mundial. Donald se ha pasado la vida queriendo ser mejor que su padre y no lo logrará hasta que lo proclamen Dios, al estilo de Calígula. Primero, cambia el nombre del Kennedy Center, introduciendo el apellido Trump, como si fuera un "First Dates" del egocentrismo político —Trump Kennedy Center—; después, destruye el ala este de la Casa Blanca para construir una sala de baile ciclópea y ser recordado como Nerón y su Domus Aurea, y ahora pretende emitir........

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