Un blanco difícil
En lo corrido de este siglo, el voto en blanco –que es una manifestación de inconformidad– ha tenido una presencia constante pero marginal en las elecciones presidenciales. Es un instrumento con un enorme potencial jurídico, pero con una incidencia política mínima.
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Según la Constitución, si en una elección el voto en blanco obtiene el 50 % más un voto, la votación debe repetirse con nuevos candidatos. Pero esa regla no vale para la segunda vuelta. Allí, el voto en blanco queda como una simple estadística del descontento.
Lo que ha pasado desde 2002 es muy diciente. En las dos elecciones de Álvaro Uribe –ganadas en una sola vuelta–, el voto en blanco no llegó ni al 2 %. Eran tiempos de hegemonía política y popularidad presidencial.
En 2010, la cosa no fue muy distinta. En una campaña intensa, con una confrontación simbólica entre continuidad y cambio, y con una polarización incipiente, en la primera vuelta el voto en blanco quedó en 1,5 %, y en........
