La calle está dura
Hace unas semanas, en este mismo espacio, hablábamos de cómo la incapacidad global para frenar a los déspotas nos estaba devolviendo a una “prehistoria diplomática”: un tiempo en el que el derecho no existía y la razón siempre la tenía el más fuerte. Señalaba entonces que la utopía de un orden basado en reglas había sido fulminada por los hechos, desde la crueldad rusa en Ucrania hasta las arbitrariedades gringas en nuestro vecindario, pasando por el genocidio en Gaza.
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La semana pasada, en Davos, Mark Carney no solo confirmó ese temor: lo formalizó. Habló sin rodeos de la “ruptura” del orden en el que creíamos movernos y pasó del lamento por el debilitamiento del derecho internacional a una cruda radiografía de la geopolítica global. Con la frialdad de un exbanquero y la autoridad de quien gobierna un país del G7, el primer ministro de Canadá lanzó un balde de agua helada sobre el auditorio –que, de paso, salpica a países como Colombia–........
