Érase una vez...
El peor revés que he sufrido en los últimos diez años se lo debo a mis nietas adolescentes Sofía e Ilona, que me destituyeron como lector porque era el primero en dormirme. “Abu, no te duermas”, me pedía Sofía, que empezaba a conjugar verbos.
Completan el contingente de nietos los mellizos Mateo y Patrick George, de quince abriles, residentes en Melbourne. Los vimos crecer por Skype y aprendimos a disfrutarlos, ¡ay!, a través de ese periódico sin rotativa llamado WhatsApp. Como no hay mal que por bien no venga, gracias a ellos debuté como cuentista.
Con otros noventa colegas que “ennietecemos” recibimos obligante invitación a escribir cuentos para divertir a nuestros nietos. El gancho era........
