Tal parece que los franceses están en problemas, tanto por fuera como por dentro.
Otrora gran potencia mundial, ahora sufre una crisis de identidad-e-influencia que, lejos de solventarse, se agrava a diario.
Por supuesto, el problema tiene algunas raíces históricas sobresalientes que conviene recordar para poder entenderlo.
Vivieron una revolución con slogan muy pomposo, pero ocultan que la contrarrevolución desdibujó por completo aquello de la fraternidad … etc.
Fueron liberados del nazismo por los americanos pero luego se fastidian con la estatua del general Patton en Normandía, comportándose de manera displicente tras el 11-S.
Se precian de haber abanderado la descolonización, pero no aciertan a comprender que los ocho golpes de Estado acontecidos recientemente en África (¡más los que vienen!), tienen que ver con un acendrado sentimiento antifrancés.
Y, como consecuencia de todo lo anterior, tampoco consiguen digerir por qué entre esos siete millones de musulmanes que habitan en su territorio existe una deslealtad esencial, a tal punto que muchos de ellos ya no se sienten excluidos sino que no anhelan integrarse.
Y no lo anhelan porque, a estas alturas “ya no quieren ser franceses” y, en la práctica, son antagonistas existenciales. Se mueven a diario por las calles, más allá de las banlieues, de Saint Denis, Grigny, La Grande Borne, Viry-Châtillon, Essone y Seine-Saint-Denis, Aubervilliers, o Roubaix, con lo cual, vale la pena preguntarse si se trata de “zonas urbanas sensibles”, como las ha llamado el gobierno, o de auténticas “zonas no go”.
¿ Se trata solo de mercaderes de sueños (marchands de sommeil) que se han apoderado de la inmigración? Y, más allá de la inmigración, ¿es tan solo cuestión de estigma y segregación, o hay un especie de ‘identidad regenerativa’ que cuenta con diferentes expresiones de violencia como herramienta altamente funcional ?
Para completar la secuencia, el gobierno ha prohibido el uso de la abaya, la túnica que solo deja el rostro al descubierto y, a pesar de que las autoridades religiosas islámicas han negado que se trate de una vestimenta religiosa, sigue sosteniendo que atenta contra la laicidad.
Sin ser sarcásticos, ¿no hay en diseñadores de modas “genéticamente” galos como Balmain, LaCroix, Lagerfeld y Poiret, productores de prendas que pueden ser asumidas como abayas?
O sea, en la lógica del prohibicionismo indiscriminado -pues, como ya se dijo, esa túnica no es una prenda religiosa- ¿por qué no prohibir también los blue jeans, tan asociados como están al modo de vida propio del “imperialismo yanki”?
En resumen, ya es hora de que Francia supere decisivamente su perfil de decaimiento y disfuncionalidad en el sistema internacional.
Porque, como potencia nuclear, miembro de la OTAN, y alineada con los valores de la democracia liberal occidental, ella aún sigue siendo necesaria para la viabilidad y estabilidad del sistema internacional.
vicentetorrijos.com

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Abayas y jeans

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17.01.2024

Tal parece que los franceses están en problemas, tanto por fuera como por dentro.
Otrora gran potencia mundial, ahora sufre una crisis de identidad-e-influencia que, lejos de solventarse, se agrava a diario.
Por supuesto, el problema tiene algunas raíces históricas sobresalientes que conviene recordar para poder entenderlo.
Vivieron una revolución con slogan muy pomposo, pero ocultan que la contrarrevolución desdibujó por completo aquello de la fraternidad … etc.
Fueron liberados del nazismo por los americanos pero luego se fastidian con la estatua del general Patton en Normandía, comportándose de manera displicente tras el 11-S.
Se precian de haber abanderado la descolonización, pero no aciertan a comprender que los ocho golpes........

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