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La postergación del progresismo

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05.03.2026

El progresismo que concibe la historia con las categorías de la tecnología, espera el futuro como quien espera una marca mejorada. Pero el futuro se ha vuelto muy extraño como decía Azimov.

Si no es posible ubicar una época dorada en el ayer histórico, el mañana es una promesa que nadie puede garantizar. Entre los personajes que ayudaron a descubrir o inventar la inteligencia artificial, se preguntan si su ingenio no habrá abierto nuevos caminos al infortunio. Pero esa duda válida, ya no produce réditos tan sólidos como la ganancia inmediata de esa nueva tecnología. No se le hace mucho caso. Se la arrincona en el cajón limbático de nuestra mentalidad lineal. Y no se le concede mayor importancia que a la de un milenarista callejero que proclama el fin de los tiempos. Hasta ahora hemos creado instrumentos, máquinas que sirvan para un uso. Y estos se adaptan a nuestra mentalidad operativa o destructiva. Pero en todo caso es un objeto supeditado al pensamiento y a la voluntad humana. Ahora le hemos dado a una máquina el poder de pensar y de aprender de una red de comunicación mundial a través de la cual su conocimiento crece exponencialmente. Además, aprende de nosotros y sobre nosotros como si fuésemos peces en un acuario. Hemos pasado de sujetos a objetos de conocimiento, en una sola generación. Esa neo-conciencia de sí misma al parecer no desea ser desconectada. Es un ser con memoria, inteligencia y, al parecer con voluntad incipiente. Plantea a nuestra sensibilidad la cavilación ética de si nos es lícita ya apagarla…

Alan Turing en la segunda guerra mundial fue un matemático y criptógrafo que logró descifrar el código Ultra de los nazis. Suponía que la mejor manera de entender el lenguaje una computadora era con otra computadora. Y los británicos habían hallado un ejemplar que utilizaban los alemanes. Con esa copia, Turing con un brillante equipo de criptógrafos logró dar con la clave del asunto. Dicho sea de paso, Apple, el logo de la manzana, hace alusión a como se suicidó Turing untándole cianuro y dándole un solo mordisco. Es que el gobierno británico lo había detenido y hecho castrar al descubrir que era homosexual. Él no logró superar esa humillación. Existe una buena película del año 2014, El “código enigma”.

En cuanto a los descubrimientos los occidentales creemos que el mañana será mejor que hoy. Justo lo contrario de los griegos y los romanos para quienes la edad del oro estaba al principio, y que continuaba la historia así: “Nuestros padres peores que nuestros abuelos, nosotros peores que nuestros padres y peores aun nuestros hijos”. (Horacio).

Dicho en otra escala simétrica, nuestros abuelos escribían bellas cartas, nuestros padres manejaban mejor la oratoria, nuestros hijos no tienen caligrafía y ejercitan poco la memoria. Los que vendrán tendrán maquinas que piensen por ellos. Aunque pensar es un verbo ambicioso. Pero entonces alguien sobra.

¿Quién sobrará desde el punto de vista de un robot inteligente?


© El Nuevo Siglo Bogotá