Patadas de ahogado
Los gritos de estas últimas semanas no deben confundir a nadie. Hay quienes quieren presentar la hiperactividad política de Gustavo Petro como una demostración de fuerza. Sus discursos cada vez más agresivos, sus intervenciones permanentes, sus ataques contra Abelardo de la Espriella, sus advertencias apocalípticas y su presencia obsesiva en la campaña de Iván Cepeda; buscan transmitir la imagen de un liderazgo vigoroso y combativo. La realidad es otra.
Lo que estamos viendo es miedo. Porque si algo resulta evidente es que el verdadero protagonista de la campaña oficialista no es Iván Cepeda. Es el propio Presidente. Y eso ya dice bastante. Cuando un candidato inspira confianza y entusiasmo camina con sus propias piernas. Cuando necesita que el jefe del Estado salga todos los días a defenderlo, justificarlo y promoverlo, algo no está funcionando como esperaban.
Pero este desespero no nació hace tres semanas. Viene de mucho más atrás. Desde hace meses el Gobierno parecía actuar bajo una premisa sencilla: Permanecer en el poder era una necesidad........
