La traidora que dijo la verdad
Sedini hizo autocrítica, “me dejé amarrar”, dijo y esa honestidad vale más que cien declaraciones de principios. Reconoció el costo de haberse sometido y decidió no seguir pagándolo.
Hay palabras que funcionan como cerraduras. “Traición” es una de ellas: se pronuncia y la conversación se clausura, el mensajero queda ejecutado y el mensaje, enterrado. Eso acaba de ocurrir con Mara Sedini.
La exministra relató, con nombre propio y voz serena, lo que cualquiera que haya rozado el poder reconoce de inmediato: la maquinaria de domesticación que opera dentro de los gobiernos.
Le ordenaron ser “fome”. Le ordenaron no contestar. Le sugirieron que, como actriz, actuara. Y cuando se negó a entregar un cargo público exigido por alguien ajeno al gobierno, recibió la amenaza sin eufemismos: «salgo a destruirte........
