La Alice Munro latina
Que, tras dicha anualidad para el olvido, Aena anunciara en febrero, con bombos y platillos y sin que nadie se lo esperara, la creación de uno de los premios literarios mejor dotados del mundo, con un millón de euros como botín (más que el Nobel de Literatura), fue sin lugar a duda un giro de guion que nos pilló con el pie cambiado. Una coincidencia de relaciones públicas demasiado oportuna como para no hacer que algunos enarcáramos las cejas con escéptica estupefacción. Si no es porque los aeropuertos posiblemente sean de los lugares de la Tierra donde más libros se leen, junto a los buses y el metro, nada de lo que rodea a este galardón tendría el más absoluto sentido.
Sabiéndose controvertido desde el principio mismo de su concepción, Aena aprendió las lecciones que nos dejaron los escándalos protagonizados en los últimos años por el desprestigiado Premio Planeta y blindó su decisión eligiendo como candidatos a pesos pesados de la literatura como “Canon de Cámara Oscura” de Enrique Vila-Matas (heredero de Javier Marías en las quinielas del Nobel), “Ahora y en la Hora” de Héctor Abad Faciolince y, por supuesto, “El Buen Mal” de la flamante ganadora Samanta Schweblin. En lo que respecta a “Marciano” de Nona Fernández y a “Los Ilusionistas” de Marcos Giralt, se les reconoce el mérito de llegar a la selección final, pero todos sabíamos que esto era una pelea de tres.
A Schweblin ya le hemos venido haciendo seguimiento en esta tribuna desde 2022 y seguimos considerando que es la principal candidata para traerse el primer Booker Internacional para Hispanoamérica tras haber rozado la gloria ya en tres ocasiones con “Distancia de Rescate” en 2017, “Pájaros en la Boca” en 2019 y “Kentukis” en 2020. Con toda certeza “El Buen Mal” catapultará a su autora, una vez más, en la carrera por la esquiva estatuilla ya que su traducción al inglés se encuentra disponible en el Reino Unido. Y méritos no le faltan, ya que su obra estuvo absolutamente en todos los listados de mejores libros de 2025 e, incluso, algunos periodistas especializados se atrevieron a aventurar que fue, de lejos, el más importante.
Con sus cuentos siempre tan inquietantes, Samanta Schweblin sigue posicionándose ante el mundo como la Alice Munro latina y empieza a exigir su lugar como la representante de Argentina ante la Academia Sueca.
