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Día de Barranquilla

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Es frecuente escuchar a los padres en consulta tratando de explicar a sus hijos con una frase dirigida a mí, las razones por las cuales no les permiten que anden a ciertas horas de la noche por las calles de esta ciudad: “La Barranquilla que nosotros conocimos ya no existe más, ¿cierto, dóctor?”. Después de asentir con un movimiento de la cabeza para demostrar que estoy de acuerdo, espero el impacto de esa frase en el hipocampo y no puedo evitar que se destape el baúl de las memorias, como me sucede cada vez que la escucho.

Pero no me dejo llevar por las imágenes y acudo a la maniobra que me enseñó mi sensei para no perder la concentración y recuperar el aquí y el ahora, estoy en consulta, queda para cuando termine la jornada.

Camino a casa, y también como siempre, la película empieza con la frase “No nos alcanzaban los fines de semana para asistir a tanto espectáculo en las 4 esquinas de la ciudad”. Frase que golpea por contundente y gráfica para establecer un acuerdo con la frase en el consultorio y repetir la pregunta ¿Qué le ofrece esta ciudad un viernes por la noche a nivel cultural a un adolescente o adulto joven?

Antaño, el día favorito era viernes por la noche, libres de trabajo y listos para la aventura cultural. Exposición de pintura, lectura de poemas, presentación de libros, teatro esquinero y de sala de teatro, concierto de alguna escuela de música, picós famosos soltando música salsa en todos los barrios, emisoras especializadas en cierto tipo de música, casas en las que nos reuníamos para debatir temas de diversos tópicos de actualidad.

Después de todo ese enriquecimiento lo que seguía era tirar carreta sobre lo que habíamos disfrutado en el sitio más indicado, la esquina favorita con su respectivo picó. La mía era en mi querido Rebolo en el cruce de la 28 con 28, la Casita de Paja y, en forma paralela, La 100. Además de la parla estaba, por supuesto, la bailada en la mitad de la calle y Celia agitando ¡Azúcar!

No quiero referirme a la inseguridad y el nivel de violencia que azota a la ciudad con muertos en cualquiera de los 4 puntos cardinales, tema complejísimo, prefiero plantear una utopía por la que pueden tildarme de retrógrado. Lo único que puede salvar a esta ciudad es retomar todo aquello que se perdió, aquella cosa cultural que caracterizaba a Barranquilla antes de llamarse Quillami, era un manto de protección sobre la ciudad de lunes a domingo y de enero a diciembre y que nos mantenía en un estado mental diferente, el que caracterizaba al barranquillero, su bacanería.

Lo único que no cuadra es el equipo de fútbol, el mío es el Unión Magdalena.

haroldomartinez@hotmail.com

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