Levantar la mirada
Tengo miedo de que la vida toda quepa en el celular. En él me comunico, me divierto, me informo, me instruyo, trabajo y hasta rezo. El miedo no nace de una fobia a la tecnología, que me hace la vida más cómoda. Lo que sí temo es que me aísle y me recluya en el estudio, donde paso gran parte de mis días.
Estoy seguro de que la felicidad necesita el encuentro con la naturaleza, el diálogo, la cercanía física con las personas y la posibilidad de estar lejos de la tecnología. Es que hay experiencias que solo ocurren cuando dejamos el teléfono a un lado.
Por ello me he propuesto revisar mis rutinas. Necesito regalarme espacios donde la tecnología no tenga la última palabra: trabajar con las........
