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EU-Irán: ¿ganó alguien?

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El conflicto en el Golfo Pérsico parece hoy haber entrado en la tercera fase del estilo de gobierno del presidente Donald Trump.

El anuncio de una tregua de 14 días y el inicio de negociaciones este viernes en Pakistán es, en el mejor de los casos, una victoria pírrica para dos gobiernos que el miércoles ya estaban empeñados en proclamar su respectivo triunfo.

La realidad es otra. La verdadera victoria es más de la necesidad política y geopolítica que de alguno de los contendientes. Trump eligió lo que puede decirse es la menos mala de dos opciones negativas: evitar la escalada de una guerra que ya era profundamente impopular en Estados Unidos y afectaba su situación política o buscar negociaciones que le dieran una salida digna del problema.

Eso es parte de lo que bien pudiera definirse como el "ciclo Trump": primero, implica la creación de una crisis, o la exaltación de una existente; segundo, convencer al pueblo estadounidense de que la ha resuelto, y en tercero, dar marcha atrás.

Y la segunda fase parece en marcha el miércoles con los reclamos del secretario de Defensa (Guerra), Pete Hegseth, de una "victoria aplastante" de Estados Unidos sobre Irán, horas después de que el presidente Trump anunció un alto el fuego de 14 días.

"La Operación Furia Épica fue una victoria histórica y aplastante en el campo de batalla, una victoria militar con mayúsculas en todo sentido", declaró Hegseth en una rueda de prensa en el Pentágono. "La Furia Épica diezmó al ejército iraní y lo dejó inoperante en combate durante los próximos años".

Pero tan golpeados como estén, los iraníes parecen retener la capacidad de lanzar proyectiles y drones contra otros países del golfo Pérsico, aliados de Estados Unidos, y sobre todo, mantener su gobierno musulmán fundamentalista y su posibilidad de cerrar el estrecho de Ormuz, con un impacto multiplicado en la economía mundial, incluso la estadounidense.

De hecho, el puro hecho de haber sobrevivido al ataque combinado de Estados Unidos e Israel fue un triunfo para Irán, aunque pueda verse obligado a aceptar limitaciones a su ahora al parecer destruido programa nuclear. Pero encontró algo mejor: el impacto de su posición geográfica y geopolítica.

Pero también es correcto apuntar que el gobierno estadounidense reiteró una capacidad que ninguno de sus competidores tiene hasta ahora: proyectar poder a miles de kilómetros de sus costas.

A final de cuentas, pudiera decirse que, otra vez, la estrategia estadounidense fue definida por sus necesidades políticas domésticas. Con un índice de aprobación más cercano al nivel de 30 que del 40 y la inminencia de las elecciones legislativas de noviembre, Trump debe apresurarse a preparar a su gobierno y a sus partidarios, enfocándose en problemas domésticos, sobre todo económicos.

En todo caso, lo aparente es que, si bien los dos lados anunciaron su victoria, quién sabe si a fin de cuentas pudiera ser así para sus respectivos pueblos. 

POR JOSÉ CARREÑO FIGUERAS   

JOSE.CARRENO@ELHERALDODEMEXICO.COM                  


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