Sin tiempo para vivir
Cuando pienso en el derecho al descanso recuerdo a mi madre. Exhausta un sábado en la mañana lavando la ropa de un hogar entero. El domingo prácticamente no existía como descanso: era revisar tareas, preparar la semana escolar y cocinar lo básico para sobrevivir. En un cerrar de ojos, ya era lunes y de nuevo comenzaba la semana. Ella doblaba todas las horas extras posibles, porque el sueldo no alcanzaba para entregarnos el sueño que tuvo para sí misma. Y aun cuando su empleo le otorgaba dos días de descanso, vivía cansada, irritada, entregando cuerpo y mente a su familia.
Si así la pasaba con dos días de descanso, ¿qué podemos esperar de las más de 20 millones de personas que sólo tienen uno? Ese día no cuenta. Se va en resolver pendientes, en trabajo del hogar e intentar recuperarse para volver a empezar.
Esta semana la Cámara de Diputados concluyó la........
