La venganza de la Tierra
Arde la Tierra. Los bosques desaparecen. La flora y la fauna están en peligro. Los océanos se calientan y suben de nivel. El mundo se está desvaneciendo y llevamos más de cincuenta años hablando de ello. Cincuenta años sin hacer lo suficiente al respecto.
Durante décadas no había buena causa, rico, pobre ni nadie que quisiera considerarse civilizado, desarrollado, guapo y educado que no incorporara a su lenguaje una obligación aparentemente elemental: cuidar la Tierra o combatir el cambio climático, aunque muchos ni siquiera supieran exactamente qué significaba.
Desde la Conferencia de Estocolmo de 1972, la primera gran conferencia mundial que colocó el medio ambiente en el centro de la agenda internacional, hasta el Acuerdo de París de 2015, nos hemos dedicado a discutir cómo salvar el planeta sin terminar de tomarnos en serio de dónde venimos y a dónde inevitablemente regresaremos todos: a la tierra, bien sea en forma de ceniza o convertidos en materia que vuelva a alimentarla.
Incluso hoy seguimos retrocediendo. Ejemplo de ello es Donald Trump, quien al comenzar su segundo mandato como presidente de Estados Unidos ordenó nuevamente la retirada de su país del Acuerdo de París. Pero esa es apenas una decisión entre tantas. Una muestra más de nuestra extraordinaria capacidad para reconocer el problema y, al mismo tiempo, seguir aplazando sus soluciones.
Ahora sí estamos en peligro. Tanto tiempo teorizando, asustándonos y complicándonos con la posibilidad de que una guerra nuclear nos exterminara y, mire usted por dónde, hemos encontrado otra manera de ponernos contra las cuerdas: hacerlo nosotros solos, lentamente, deteriorando las condiciones que sostienen nuestra propia vida.
El drama ya es palpable y visible. Basta mirar los incendios de este año. Estados Unidos ha registrado más de 51 mil incendios forestales y casi 7.93 millones de acres quemados, aproximadamente 3.2 millones de hectáreas. La superficie arrasada equivale al 164% del promedio de los últimos diez años para estas fechas. Canadá acumula, por su parte, más de 4.43 millones de hectáreas quemadas y la Unión Europea otras 632 mil. Entre los tres, el fuego ha recorrido ya más de 8.27 millones de hectáreas durante 2026.
Europa, además, viene de su peor temporada desde que existen registros comparables. En 2025 ardieron alrededor de 1.08 millones de hectáreas dentro de la Unión Europea. Este año la superficie es menor, pero no tranquiliza: las 632 mil hectáreas quemadas hasta el 26 de agosto representan más del doble del promedio de los últimos 20 años para estas mismas fechas. Tierra arrasada, ecosistemas destruidos y millones de árboles convertidos en ceniza. Es suficiente para hacer llorar a las nubes.
Las causas tampoco son iguales en todas partes. En Canadá, los rayos originan alrededor del........
