Más información para elegir, más libertad para construir el futuro
En los últimos días, la discusión sobre el financiamiento de la educación superior volvió a instalar una pregunta incómoda: ¿tiene sentido endeudarse para estudiar una carrera que ofrece bajas perspectivas laborales o ingresos reducidos? La inquietud es legítima. Estudiar implica tiempo, esfuerzo y, en muchos casos, un compromiso financiero importante para los jóvenes, sus familias y el Estado. Sin embargo, el debate se vuelve problemático cuando parece concluir que solo vale la pena cursar aquellas carreras que prometen altos ingresos.
La información económica importa. Conocer la empleabilidad, las remuneraciones, el costo, la duración y las tasas de deserción de un programa debe ser parte de cualquier decisión responsable. El reciente estudio de la Fiscalía Nacional Económica reveló que un 35% de las carreras de educación superior presenta un retorno económico negativo y que cerca del 40% de quienes ingresaron al sistema en 2023 lo hizo en uno de esos programas. Son antecedentes que no podemos ignorar.
Acortar las carreras: una oportunidad que exige repensar todo el sistema
Debate por gratuidad: la orientación vocacional es una política pública pendiente
Pero el mismo diagnóstico también muestra algo igual de relevante: la elección de una carrera se prepara........
