La inteligencia artificial desde el Sur Global: capacidades, democracia y cooperación
La Conferencia Mundial de Inteligencia Artificial 2026 y la Reunión de Alto Nivel sobre Gobernanza Global de la Inteligencia Artificial, celebradas en Shanghái, tuvieron lugar en un momento decisivo. La inteligencia artificial (IA) dejó de ser una tecnología emergente circunscrita a ciertos laboratorios o sectores productivos: hoy es una infraestructura transversal que reorganiza la producción de conocimiento, la economía, la educación, la salud, las comunicaciones y la gestión pública, al tiempo que modifica las relaciones de poder dentro de las sociedades y entre los países.
Por ello, su gobernanza no puede reducirse a estándares técnicos, a la seguridad o a la regulación. Es, ante todo, una discusión política sobre el desarrollo que queremos construir, quién participa en las decisiones y cómo se distribuyen los beneficios y los riesgos del cambio tecnológico.
La declaración de la conferencia y el Plan de Acción para el Desarrollo y la Cooperación Global en Inteligencia Artificial proponen una IA centrada en las personas, orientada al bien común, segura, abierta e inclusiva. Junto con reconocer el derecho de los países en desarrollo a participar en la formulación de las reglas internacionales, plantean acciones en materia de datos, capacidad de cómputo, ecosistemas de código abierto, formación de talentos, aplicaciones sectoriales, estándares, seguridad y ética.
Desde América Latina y el Caribe, estas definiciones merecen ser valoradas. Durante demasiado tiempo, la gobernanza tecnológica global ha sido diseñada por un reducido grupo de países y grandes corporaciones, mientras que gran parte del mundo actúa como consumidora de plataformas, proveedora de datos o receptora de normas elaboradas en otros centros de poder. Reconocer esta asimetría es un primer paso, pero el éxito deberá medirse por la capacidad de generar instituciones eficaces, nuevas relaciones de cooperación y capacidades científicas y tecnológicas distribuidas con mayor equidad.
Participar exige tener capacidades
La brecha en inteligencia artificial no se limita a la conectividad ni al acceso a determinadas aplicaciones. Comprende la concentración de infraestructura de cómputo y de datos, talento avanzado, financiamiento, modelos fundacionales y plataformas digitales en unas pocas potencias y corporaciones, capaces de definir las trayectorias tecnológicas y las condiciones de acceso. En ese contexto, invitar al Sur Global a participar en la gobernanza será insuficiente si sus países carecen de capacidades para intervenir con autonomía. La representación diplomática debe ir acompañada de conocimiento, de instituciones científicas sólidas, de infraestructura y de capacidad regulatoria.
La pandemia de COVID-19 es una advertencia. América Latina y el Caribe pagaron un costo humano desproporcionado, entre otras razones, debido a su insuficiente capacidad para producir vacunas, medicamentos y tecnologías sanitarias críticas. La cooperación........
