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Nicolas Sarkozy: las tres semanas en la cárcel que le dieron para escribir un bestseller

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15.04.2026

Francia es un país de presos célebres, ya sean ficticios o reales. Edmundo Dantés. Jean Valjean. María Antonieta. El hombre de la máscara de hierro. Dreyfus. Esas historias de transitar de lo más alto a lo más bajo, de apurar los cielos a perder la libertad, son un tema recurrente en la cultura gala, que ha hecho de narrar el escándalo una manera de ser casi consustancial a su identidad como país.

Uno de sus escritores contemporáneos más dados a la payasada, Frédéric Beigbeder, contaba en Una novela francesa (Anagrama) su detención preventiva durante cuarenta y ocho horas en un calabozo de París por consumir cocaína en la vía pública. Su humillante descenso a los infiernos desemboca, pocos días después, en el Palacio del Elíseo, donde asiste a una ceremonia particular: a su ejemplar hermano Charles Beigbeder le impone la Legión de Honor el Presidente de la República. Ese hombre que sonríe y cuelga las medallas es Nicolas Sarkozy.

El relato de sus tres semanas en la cárcel de la Santé ya ha vendido más de 250.000 ejemplares solo en Francia

Estos días se publica en España el nuevo libro del expresidente, Diario de un prisionero (Contraluz), el relato de sus tres semanas en la cárcel de la Santé que ya ha vendido más de 250.000 ejemplares solo en Francia. Quizá algunos lectores recuerden las espectaculares imágenes de su traslado, el 21 de octubre de 2025: una comitiva atravesando sin tráfico las orillas del Sena, con la Torre Eiffel al fondo, camino de la prisión. Parecía un spot publicitario de la grandeur: incluso para encarcelar, Francia se curra la escenografía. Cuenta Sarkozy que, en esos instantes, Carla (Bruni) le "apretaba la mano con un amor y una fuerza" que aun hoy lo estremecen.

El libro está bastante bien escrito, aunque yo creo que en las memorias de un político rara vez se busca literatura, más bien una confirmación de filias y fobias. Conviene desconfiar de ellos porque son, inevitablemente, propagandistas de sí mismos. Sarkozy no es una excepción. A lo largo de sus páginas hay momentos de cuestionable cálculo político —como el guiño final al Frente Nacional— y una defensa cerrada de su actuación judicial. Los tribunales dictaminaron lo siguiente: fue absuelto de financiación ilegal y corrupción pasiva, pero condenado por asociación ilícita al permitir contactos entre su entorno y funcionarios del régimen de Gadafi durante la campaña. Él mismo se define como un hombre elegido "menos por su talento que por su audacia", y parece que en alguna de esas audacias pasadas rozó los límites de la ley.

Por las páginas del libro desfilan varias de las grandes figuras políticas de Francia (Macron y Brigitte, Ségolène Royal, Marine Le Pen, Chirac) y leyéndolo uno no deja de asombrarse de lo monaguillos que somos en España. Basta con comparar la vida sentimental de los presidentes. Sarkozy, casado en tercer matrimonio con Carla Bruni, modelo, cantante y actriz e icono de los 90. Hollande, que tenía pinta de pánfilo, escapándose en moto del Elíseo a un piso propiedad de la mafia corsa para tener encuentros con su amante, la actriz Julie Gayet. Emmanuel Macron, casado con su antigua profesora del instituto Brigitte Trogneux, cuando él tenía 29 años y ella 54.

Frente a eso, la vida sentimental conocida de nuestros tres últimos presidentes, Zapatero, Rajoy y Sánchez, parece redactada por un notario. Casados y con hijos. Punto. Hasta Pablo Iglesias, que venía en plan jacobino, ha acabado con chalecito en la sierra y familia numerosa.

Son precisamente los momentos donde luce esa frivolidad francesa en los que el libro sobresale, trascendiendo la engorrosa lucha política o personal para llevarnos a un terreno más gozoso. La llamada de Marine Le Pen en la que le manifiesta su "admiración por la elegancia con la que [Carla Bruni] tiró al suelo el paravientos del micrófono de Mediapart". O la resignación con la que reconoce Sarkozy, aficionado a la pintura y la belleza, que la cárcel "no está hecha para los estetas".

Cuenta la llamada de Le Pen en la que le manifiesta su "admiración por la elegancia con la que [Carla Bruni] tiró al suelo el micrófono de Mediapart"

Tampoco salgo de estas páginas convencido de que Sarko sea exactamente trigo limpio, pero, inevitablemente, uno vive en España, y no puede evitar comparar lo que se cuenta en el libro con los espectáculos judiciales que tenemos ahora mismo en marcha aquí, y que obedecen a las reglas de otro género literario patrio: el esperpento. Ábalos. Koldo. Aldama. Largo etcétera. Los delincuentes también dan una imagen del país, y en el Supremo hoy no hay rastro de nada que no sea lo cutre y chapucero. Una indigestión pesada de la España de ladrillo y puticlub que en 2026 se nos sigue repitiendo en la boca. Incluso en las cantidades y el modus operandi han sido mediocres. Enchufillos, carreteras secundarias, prostitución. ¿Cómo será su experiencia estética en la cárcel? ¿Quién les irá a visitar? ¿Escribirán un libro?

Confieso que, hasta en lo delictivo, el esnobismo francés me gusta. Es una caída con más gracia.


© El Confidencial