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Cuando García-Trevijano explicó el sanchismo

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29.06.2026

"La corrupción es consecuencia del oportunismo de los partidos de izquierda que, para conquistar el poder, se olvidan de sus ideales y se acercan a los poderes fácticos y económicos".

Antonio García-Trevijano, en La Clave

El Partido Socialista se va hundiendo cada día un poco más en la ciénaga de la corrupción y arrastra consigo gran parte de su legado. El legado de Pablo Iglesias y Julián Besteiro, el de Felipe González y la modernización de España, el de una socialdemocracia que fue capaz de vertebrar el Estado del bienestar, reconciliar a la izquierda con la gobernabilidad y demostrar que el poder podía ejercerse sin necesidad de dinamitar el Estado desde dentro. De todo aquello no quedan ni las raspas. Apenas una liturgia hueca y una tropa de cargos públicos dispuestos a confundir la militancia con la nómina y la política con la supervivencia.

No se trata solo de la corrupción penal que describe el Supremo en su fallo del caso Mascarillas, sino de la corrupción moral de una ideología fake que amenaza con llevar al PSOE a la marginalidad o incluso destruirlo. La corrupción de los contratos, de las mordidas, de las sociedades interpuestas y de los intermediarios de medio pelo; pero también la corrupción del lenguaje, de los principios, de las instituciones, de la verdad y de una parte de la sociedad que, ante la evidencia, prefiere mirar hacia otro lado.

La corrupción legal y la corrupción moral confluyen hoy en los estertores de esta segunda legislatura y se funden hasta conformar el verdadero corpus ideológico del sanchismo. Una corrupción que viene de origen —antes del clan del Peugeot— y que para algunos fue un fin en sí mismo, véase Ábalos, mientras que para otros, caso de Pedro Sánchez, tuvo como mínimo un valor instrumental. Se rodeó de corruptos para que hicieran el trabajo sucio: asaltar el Partido Socialista, adueñarse del Gobierno, bunkerizar la Moncloa, colonizar las instituciones, intervenir el poder económico y empresarial y vaciar de contenido nuestro sistema constitucional. Todo muy progresista. Todo por la democracia.

La última escena de esta degradación se produjo el pasado jueves —otra hoja ominosa en el álbum de este Gobierno—, cuando la mayoría absoluta del Congreso aprobó una moción para que Sánchez dimitiese, convocase elecciones o se sometiese a una cuestión de confianza. “¿Qué primer ministro........

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