Trump y los esclavos
No deja de ser paradójico que Donald Trump, el presidente de EEUU, haya tenido que echar mano de una ley de 1974 para imponer una nueva ronda de aranceles. El argumento principal es que 60 países no cuentan con los medios suficientes para descartar el trabajo forzoso en su comercio con China, lo que violaría la legislación estadounidense. Lo paradójico no es la denuncia en sí, está muy bien combatir las nuevas formas de esclavismo, desde luego más sutiles que en el pasado, sino que la lucha contra el trabajo forzoso es una vieja reivindicación de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), precisamente, el organismo al que EEUU está ahogando financieramente en busca de su liquidación.
La postura de la Casa Blanca con la OIT no es nueva. De hecho, está en línea con la estrategia seguida por su país en otros organismos multilaterales, como la Organización Mundial de la Salud, la Organización Mundial del Comercio o la Convención Marco de la ONU para el Cambio Climático. Incluso la propia ONU está hoy en la agenda destructiva del presidente de EEUU. En total, más de 60 organismos están en su punto de mira. Unos los ha abandonado ya y otros están en trance de perder su principal financiador dado el tamaño de EEUU.
Uno de los casos más significativos, sin embargo, es el de la OIT, cuya financiación depende, y aquí está otra paradoja, de las dos superpotencias. Mientras que EEUU financia, en teoría, el 22% del presupuesto de la OIT, China —que es la excusa elegida para imponer aranceles— contribuye con el 20%. Sólo en teoría, porque la Casa Blanca no paga, por lo que su deuda contraída con la organización asciende ya a cerca de 280 millones de euros. O expresado de otra forma, alrededor de un quinto de su presupuesto ha volado.
Washington, de esta manera,........
