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Isabel Allende: “Yo quisiera ser una novelista romántica, pero no me sale”

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02.05.2026

A Isabel Allende le encanta el término “cocina literaria”. Su día de trabajo empieza con el sabor del café, bien cargado aunque no muy amargo. A esa primera taza le seguirán otras hasta que las palabras, cómo ingredientes que se van integrando en un sabroso caldo, vayan encontrando nuevos sentidos y suelten sus sabores sutiles.

MIRA: El manuscrito de una amistad

Hay tantas recetas y métodos de creación como hay cocineros y escritoras, aunque son relativamente pocos los que se sientan a compartir sus secretos. Y en “La Palabra Mágica”, su más reciente libro, la autora chilena se anima a hacerlo.

— En tu libro recuerdas cuando olvidaste el manuscrito de “La casa de los espíritus” en una peluquería y que al volver, lo reencontraste en la basura de aquel salón. ¿Buscas reivindicar al escritor distraído?

No, mira: yo trabajaba doce horas diarias en un colegio entonces. Corría como un enano porque tenía que hacerme cargo también de todas las cosas de la casa. Tenía una vida muy difícil y en aquella época no existía ninguna de las facilidades que tenemos hoy. Tenía un solo manuscrito en una bolsa que llevaba conmigo como si fuera un recién nacido. ¡Y se me fue a quedar en la peluquería! Yo creo que fue casi una metáfora de cómo el tremendo esfuerzo que supone escribir algo muchas veces va a dar a la basura. Uno escribe porque ama el proceso, pero también porque quiere comunicarse. Y tantos escritores se quedan con el manuscrito, si no es en la basura, en una gaveta.

— ¿Si el camión de la basura se lo hubiera llevado, lo habrías reescrito?

Yo creo que sí. Por supuesto, habría sido otro libro. Pero el proceso de escribirlo me salvó la vida. Yo iba a cumplir 40 años y estaba seca por dentro, sentía que mi vida no iba a ninguna parte. En el fondo, pienso que “La casa de los espíritus” fue un ejercicio de nostalgia. De tratar de recuperar todo lo perdido: mi país, la familia, los amigos, las anécdotas, el ambiente, todo lo que yo recibí de niña. Fue tan rico ese proceso, tan sanador, que lo habría hecho de nuevo.

— ¿Qué libros sobre el proceso de escritura te apasionan especialmente?

Ninguno. Yo no estudié literatura. No sabía que existían talleres, cursos, clases. No tenía idea de la industria del libro tampoco. Había sido periodista, andaba en la calle reporteando, sin pensar en literatura. Y nunca tuve un libro de referencia de cómo escribir. Pero me leí con pasión todo el “Boom” latinoamericano. Esa fue mi gran inspiración. Ese coro de voces múltiples, diferentes pero armónicas, que nos contaron un continente.

— Eres de las........

© El Comercio