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¿Cuándo se debe dudar de los datos y confiar en el olfato?

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28.07.2026

Pico y Placa Medellín

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Por Javier Mejía Cubillos - mejiaj@stanford.edu

Uno de los mayores retos del ser humano es sobrellevar la incertidumbre. Todos, sin importar quiénes seamos, padecemos la angustia de no saber si el camino que emprendimos es el correcto o si nos conduce a un futuro trágico. Durante siglos, la manera más común de lidiar con esa angustia fue confiar en la guía de una fuerza superior. Para la mayoría de nuestros ancestros, esa fuerza era una deidad protectora. Para muchos hoy, son los datos —o “la data”, como prefieren llamarla quienes conservan la costumbre de personificar las fuerzas superiores. Estos creen que, si les prestan suficiente atención, los datos les revelarán el camino correcto.

Buena parte de esa confianza en los datos refleja una profunda ingenuidad y un notable desconocimiento sobre cómo funciona el mundo. He escrito antes sobre el tema, pero quisiera volver a él para concentrarme en una confusión específica bastante frecuente entre aquel tipo de creyentes: la de pensar que la información extraída de datos estáticos es útil para la toma de decisiones dentro de procesos dinámicos. La manera más sencilla de explicar esta confusión es recurrir al concepto de ergodicidad.

Si nunca ha oído hablar de ergodicidad, permítame ilustrarla con un ejemplo. Imagine un negocio en el que se participa una vez al mes y cuyo rendimiento depende de lo que salga al lanzar un dado perfectamente equilibrado: con 1 pierde 60%; con 2, 30%; con 3 queda igual; con 4 gana 20%; con 5, 40%; y con 6,........

© El Colombiano