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Cinco curules. Una oportunidad. Cero excusas

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17.03.2026

Por: Felipe Rodríguez Espinel

Durante cuatro años, el Huila habló sin que nadie lo escuchara en el Senado. No porque no tuviéramos qué decir, sino porque no tuvimos quién dijera. Eso, en política, se llama invisibilidad. Y la invisibilidad, en el Congreso de la República, se paga cara: con proyectos archivados, con partidas presupuestales que se van a otros departamentos, con reformas que se diseñan sin pensar en el sur del país.

El 8 de marzo cambió eso. No de manera espectacular, no con una bancada poderosa que doblara la mesa en el Capitolio. Pero cambió. Por primera vez desde 2022, el Huila tiene una senadora: María Lucía Villalba, rompiendo el silencio que nos acompañó un período entero. En la Cámara, cuatro representantes completan la delegación: Florita Perdomo, Mireya Bravo, Lourdes Mateus y Julio César Triana.

Hay quienes en estos días ya sacan la calculadora política, que si Villalba es de una coalición menor, que si Triana viene de un partido que perdió casi la mitad de sus votos en el departamento, que si el Liberal fortaleció su dominio en la Cámara. Ese debate tendrá su momento. Pero antes, es necesario decir algo que en el Huila solemos evitar por pudor, por sectarismo o simplemente por costumbre. Hay que celebrar que estemos representados, independientemente del color político de quienes nos representen.

Porque el Congreso no funciona solo en plenaria. Funciona en los pasillos, en las comisiones, en las conversaciones que ocurren antes de que comience el debate formal. Un departamento sin senadores no tiene interlocutores en esas conversaciones. No tiene quién defienda la asignación de recursos del Sistema General de Participaciones cuando se negocia el presupuesto. No tiene quién proponga una iniciativa sobre seguridad, infraestructura vial, o los derechos de los municipios que llevan décadas esperando que alguien los mencione en el cuarto piso del Capitolio.

Por eso, más que celebrar los nombres, hay que exigir los compromisos. Al Huila le faltan vías terciarias que conecten sus municipios productores con los mercados. Le falta una política seria frente al deterioro del río Magdalena en su cuenca alta. Le falta que alguien, desde el Congreso, defienda a los caficultores, a los piscicultores, a los productores agroindustriales que sostienen la economía departamental sin que nadie los mencione en el debate nacional.

Los cinco congresistas que hoy tiene el Huila vienen de partidos distintos, de visiones diferentes del país, de trayectorias que en algunos casos apenas comienzan. Eso no importa tanto como lo que tienen en común, fueron elegidos por huilenses, con votos del departamento, y con esos votos viene una deuda que no se negocia en ninguna coalición.

El Huila no puede darse el lujo de dividir su representación por envidias internas, por roces electorales o por la costumbre de mirar más quién ganó que qué ganamos todos. Esta delegación, por pequeña que parezca frente a los bloques del Caribe o de Antioquia, es la que hay. Y con la que hay, toca trabajar.


© Diario del Huila