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"Gran logro científico y tecnológico"

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12.04.2026

La guerra en Oriente Medio, como máxima expresión de cualquiera de los conflictos que sacuden el mundo, ha apartado la atención mundial de uno de los grandes logros científicos y tecnológicos: la misión Artemis II, que ha llevado a cuatro astronautas hasta donde ningún ser humano ha llegado antes. Es indudable que una buena parte del impulso para esta misión ha llegado de la situación geopolítica mundial y de la necesidad de Estados Unidos de mostrar su supremacía en este campo, sobre todo frente a China, en un eco de lo que fue la carrera espacial entre Estados Unidos y la Unión Soviética durante la Guerra Fría. Al tiempo, se empiezan a sentar las bases para lo que puede ser con el paso de los años (de muchos años) una presencia humana permanente en la Luna. La exploración espacial protagonizada por seres humanos es muchas veces superflua. 

Las máquinas son capaces de darnos la misma información (excepto en lo que se refiere a los efectos de los viajes espaciales en los propios humanos) con un coste económico mucho menor y sin poner en riesgo la vida de los astronautas. Antes de su primer vuelo espacial, el astronauta español Pedro Duque recordaba y agradecía los esfuerzos que se tomaban para supervivencia. No siempre ha sido así: durante muchos siglos, que un explorador marino, de la selva o ártico no volviera a casa era, simplemente, un gaje del oficio. Y, sin embargo, saber que tenemos a nuestros congéneres a cientos de miles de kilómetros, protegidos del vacío por unos centímetros de metal y plástico, tiene un atractivo, una poesía, que no se puede imitar. Dentro de unas semanas hará 65 años que John Fitzgerald Kennedy fijase el objetivo de poner a un hombre en la Luna (y devolverlo a la Tierra sano y salvo). Al año siguiente, decía, en uno de sus discursos más famosos, que lo hacían “no porque fuera fácil, sino porque es difícil”. Mirar a las estrellas da un poco de esperanza en un mundo convulso.


© Diario de Navarra