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La tragedia después de la tragedia | Por: Carolina Jaimes Branger

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Nunca imaginé que el episodio más desconcertante que yo viviría durante la tragedia de Vargas en 1999 no ocurriría entre el barro ni los escombros, sino a cientos de kilómetros de allí.

No me lo contaron: lo viví en primera persona. Una amiga me llamó para decirme que en la Casa de Abrigo Madre María de San José, adscrita a Sapanna, Servicio Autónomo de Protección y Atención de Niños, Niñas y Adolescentes, ubicada en el sector El Milagro, municipio Girardot de Maracay, cerca de la Clínica Lugo, estaban entregando niños que habían “quedado huérfanos” tras el deslave. Que ella había visto cuando los entregaban a quienes llegaban a buscarlos.

La frase y la historia me parecieron tan absurdas como aterradoras. ¿Cómo podía alguien “entregar” niños? La adopción tiene procedimientos, garantías y controles. No podía creer lo que estaba oyendo.

Sin embargo, había una razón por la que decidí actuar. Una compañera de........

© Diario de Los Andes