Viktor Orbán, el mejor amigo de Vox
Viktor Orbán, derrotado recientemente en las urnas tras 16 años de gobierno ininterrumpido, es la figura política más cercana a un dictador que ha tenido la Unión Europea en los últimos años. Es, también, y precisamente por ello, el principal espejo en el que se mira Santiago Abascal en su carrera hacia la (vice)presidencia del Estado español. La relación personal ha fluido generosamente en ambas direcciones. Si el mandatario de Vox aprovechaba cualquier ocasión para elogiar a su homónimo ultra en Hungría, Orbán ha transferido al partido español enormes cantidades de dinero desde una entidad bancaria en manos de su propio Gobierno. Concretamente, seis millones y medio de euros en 2023 y siete millones en 2024, en concepto de préstamos para afrontar las elecciones generales y las europeas, respectivamente.
El 20 de marzo de 2024, esa sintonía se materializó en la apertura de la primera sucursal en el extranjero del Centro de Derechos Fundamentales de Hungría (CDF), una organización nacida en 2013 y cuyas arcas recibieron 11 millones de euros del erario público húngaro solo en el ejercicio de 2024. En total, el medio independiente húngaro 444.hu calcula que el Gobierno de Orbán ha engordado al CDF con más de 50 millones de euros. Según el investigador Steven Forti, esta entidad es una de “las tres joyas de la corona del entramado orbaniano”. El lugar escogido para la oficina que puso la primera piedra de su expansión internacional fue Madrid.
El evento fundacional se celebró en el Hotel Palace, y allí acudieron diferentes personalidades del panorama ultraconservador nacional, más concretamente del entorno de Vox. Una de ellas fue Pepa Millán, portavoz del partido, cuyo protagonismo quedó patente con un discurso de siete minutos y medio en el que dijo lo siguiente: “No hay nada más sano que querer defender lo propio”.
La frase, que quizá no pretendía ser la declaración de intenciones que realmente es, resume a la perfección esa máxima de Vox que rima al milímetro con la maquinaria de Fidesz que convirtió a Orbán en un protodictador ante el que la UE se vio obligada a actuar con sanciones: se trata de generar un ecosistema cerrado con un objetivo hacia fuera, promocionado a bombo y platillo, y otro hacia dentro, mucho más prioritario pero cuya existencia se niega hasta la saciedad. El primero tiene que ver con la manida consigna de “ganar la batalla cultural”, de derrocar una supuesta hegemonía de la izquierda y, por el camino, cercenar todos los derechos que se pueda. El segundo lo expresó sin intención –ni tapujos– la portavoz de Vox en el discurso pronunciado aquel 20 de marzo de 2024: lo verdaderamente importante es el interés propio.
El CDF de Madrid actúa como un satélite que amplía su radio de acción. Y no solo a España
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Una nueva y productiva pieza en la órbita........
