Borrar correos, eliminar whatsapps
Hace muchos años, recibí mi primera libretita de direcciones: primorosa tapa con claveles, la lista en orden alfabético para escribir los nombres y números de teléfonos de los chicos del curso, de los vecinos, de los familiares preferidos. Se hizo costumbre pasar cada Navidad los datos que todavía estaban vigentes a la nueva agenda. Así fue por décadas.
Quedaban tachados algunos apellidos, por cambio de ciudad, por traslado de la vecindad, por aplazo en el curso. Rompí muchas tarjetas que fueron quedando obsoletas. Esa práctica continuó en los años universitarios, con más y nuevas direcciones, con más y nuevos cambios. Tachaduras que se multiplicaron en cada uno de los nuevos trabajos y colegas. Cada enero quedaban afuera los nombres inútiles.
Pocas veces borraba números telefónicos por causa de defunción: la abuela, la tía, la otra tía. Quedaban las fotos para el recuerdo. Seleccionaba las cartas más cariñosas, las de los cumpleaños. Era excepcional contar con una grabación en las grandes cintas de la grabadora del tío mayor. Películas, ninguna. Únicamente una chica del curso tuvo esos filmes caseros con su familia en excursiones o fiestas.
Los recuerdos en papel, doblados con cuidado en cajitas pequeñas o alargadas guardaban olores, colores y........
