La gran empresa está recortando plantillas. No echen la culpa a la IA todavía
Una de tantas contradicciones de nuestro tiempo: las grandes empresas están publicando beneficios récord y, al mismo tiempo, recortando sus plantillas. Lo fácil sería concluir que ha empezado el anunciado apocalipsis laboral por la implantación de la inteligencia artificial. Pero no es así, al menos no en la mayoría de los casos: los gigantes corporativos reducen personal mientras se preparan para adoptar la IA, para estar más ligeros de equipaje ante las ingentes inversiones que necesitan. En realidad, salvo en el caso de las empresas más propiamente tecnológicas, apenas está empezando la implantación de las máquinas que dicen pensantes. La IA no se instala sola ni va a ser gratis, y alguno descubrirá que le sale más cara de lo planeado y quizás quiera recuperar a empleados de carne y hueso. Otro motivo para ajustar las plantillas es el de siempre: las compañías se sienten obligadas a exhibir disciplina en el gasto para dar satisfacción a los mercados. Del apocalipsis no hay señales por el momento: las tasas de paro están en niveles históricamente bajos en EE UU (4,2%), en la zona euro (6,2%) y en España (10,3%), como en la mayor parte del mundo desarrollado.
Otro elemento que desafía nuestra intuición: recortar las plantillas sale muy caro. ¿De verdad compensa prejubilar a trabajadores de cincuenta y tantos años, para seguir pagándoles una parte del salario, más el complemento de la Seguridad Social, hasta los 63 años? Depende sobre todo de si su empleo era prescindible. Una explicación es que ese impacto para la empresa se suele contabilizar, todo de golpe, en un trimestre determinado de un año determinado, de forma que los márgenes operativos mejorarán en los trimestres y años siguientes. Los ERE duelen una sola vez. Y no es la IA, no es todavía la IA, pero sí es la digitalización, que lleva algunas décadas cambiando nuestras vidas. Por eso son los sectores más avanzados en ese proceso los que concentran los grandes planes de despidos: banca, telecos y tecnológicas. Lo del automóvil es otra historia, más triste, relacionada con un cambio revolucionario, la electrificación, pero también con malas decisiones y con la competencia feroz de China.
Uno tiende a pensar, por la cuenta que le trae, que los cincuenta son una edad de plenitud intelectual y máxima eficacia en una vida profesional. Y llevamos muchos años escuchando de las autoridades que hay que poner coto a las prejubilaciones y alargar la vida laboral hasta los 70 o más allá. Pero cuando una empresa grande busca ejecutar un ajuste de plantilla no traumático, y quiere evitar un conflicto laboral que arruine su imagen, recurre a las prejubilaciones de oro. Visto cada caso concreto, es difícil defender que se haga de otra manera: los que se marchan lo hacen........
