Mi adiós al Brother
Autor(es): Rafael Pérez
Un periodista deportivo de 1 000 batallas
No siempre coincidimos. A veces discutimos más de la cuenta. Pero cuando pienso en él hoy, lo primero que me llega no es la discrepancia, sino la gratitud.
El miércoles, al enterarme que Abelardo Oviedo –el Brother–había muerto, sentí cerrarse sin ruido una puerta vieja.
Era un hombre de aristas y empujones, de pasiones intensas. A veces difícil, luminoso, siempre vivo, en movimiento, con esa mezcla rara de humor, terquedad y, en muchas ocasiones, nobleza inconfundible.
Lo conocí en 1981, en la redacción del periódico Trabajadores, en la antigua sede de El Mundo, en la calle Virtudes. Yo era apenas un muchacho que soñaba con escribir de deportes. Él, coordinador de la sección, fue quien me abrió la puerta. Y aunque la vida nos llevó después por caminos que chocaron más de una vez, hoy, al recordarlo, no queda el ruido: es la huella.
Tenía un sentido de competencia feroz. “Vamos a barrer con Granma”, repetía, como si la redacción fuera una cancha y él entrenador de un equipo que no podía permitirse perder.
Se decía –y le decían– el Brother, y lo disfrutaba.
Mi primera entrevista publicada –la primera de mi vida– salió en Trabajadores: al expelotero Eladio Sauquet, primera base del equipo Cuba en el Mundial de Costa Rica 1961.
Había un especialista en béisbol, Luis Hernández Iglesias, y Oviedo me permitió tener una sección semanal, En tres y dos, firmada como Los........
