Derrotando al Semidios y Semidemonio Mercado
1 Introducción: el mercado como campo de batalla
La historia que ha legitimado el orden económico dominante es bien conocida: el mercado sería un mecanismo natural, sabio y autorregulado que, guiado por la "mano invisible", convierte los intereses egoístas de cada individuo en el bienestar de todos. Esta narrativa, repetida hasta la saciedad, sostiene que el mercado sabe más que cualquier planificador, que los precios transmiten información mejor que cualquier burócrata, y que la única forma de arruinarlo todo es intervenir.
Pero existe otra historia, más incómoda y menos difundida: la del mercado que no se autorregula, que necesita rescates constantes, que es protegido por aranceles y subsidios cuando conviene a los poderosos, que es moldeado por algoritmos que fabrican deseos y que convierte la necesidad humana en mercancía. Esta es la historia que este artículo se propone contar.
La tesis central es que el mercado no es un ente natural, sino una institución social (polanyi1944?). Como tal, puede ser diseñada, regulada y democratizada. El problema no es el mercado, las mercancías o el dinero en sí mismos, sino su mitificación como un "Semidios" —alguien a quien se le atribuye una sabiduría que no posee— y su demonización como un "Semidemonio" que algunos buscan abolir sin comprender su complejidad. La batalla no es por abolir el mercado, sino por desenmascarar su falsa divinidad y someterlo al control democrático.
Este artículo se inscribe en el marco de la sineidocracia —el poder de la conciencia colectiva informada— y dialoga con los conceptos de Hegemonía 4.0, sinéidesis fracturada y legitimidad aparente desarrollados en el Manifiesto Sineidocracia (movimiento2026?). Su propósito es contribuir al diagnóstico de la crisis del capitalismo algorítmico y a la construcción de alternativas de control popular sobre la economía.
2 El Semidios que necesita ser rescatado
La primera ficción que hay que desmontar es la de la autorregulación. Si el mercado fuera un mecanismo autorregulado, no necesitaría ser rescatado cada vez que se tambalea. La evidencia empírica muestra, sin embargo, que las intervenciones que protegen al mercado son la regla, no la excepción.
Las guerras comerciales son un elemento estructural del sistema. Estados Unidos y China han librado una guerra arancelaria que ha distorsionado los precios globales, protegido industrias domésticas y afectado a consumidores de todo el mundo. Lejos de ser una anomalía, esta dinámica es la forma en que las grandes potencias gestionan el comercio internacional.
Los subsidios agrícolas en Estados Unidos y la Unión Europea mantienen precios artificialmente bajos para los productores locales mientras dificultan la competencia de los campesinos del Sur Global. La Política Agrícola Común de la UE, con sus millonarios subsidios, no es una excepción; es la regla del funcionamiento del sistema.
Los rescates bancarios constituyen la máxima expresión de la hipocresía del capitalismo: las ganancias se privatizan, las pérdidas se socializan. Cuando un banco obtiene beneficios, estos se distribuyen entre sus accionistas; cuando quiebra, el Estado —es decir, el conjunto de los contribuyentes— paga la factura. El mercado no se autorregula; se asegura con dinero público.
Las patentes y la propiedad intelectual son monopolios estatales sobre el conocimiento. Elevan artificialmente los precios de bienes esenciales —medicamentos, semillas, tecnologías limpias— muy por encima de su costo real de producción. El mercado no premia la innovación; premia la capacidad de cobrar rentas sobre el conocimiento que debería ser común (boldrin2008?).
Las restricciones migratorias constituyen la única barrera que el capitalismo mantiene contra la libre circulación de una mercancía: la fuerza de trabajo. Mientras el capital cruza fronteras sin pasaporte, los trabajadores requieren visados, muros y autorizaciones. La excusa es siempre la seguridad, pero la función real es mantener........
