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Gobernantes dementes, genocidas y pederastas

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13.03.2026

Quizás los jóvenes de esta época pensarán que lo que está sucediendo es algo nuevo que nunca se había visto, craso error. Estamos viviendo más de lo mismo, es la continuación del capítulo idéntico de horror que se inició hace siglos y nunca se sabe cuándo terminará, solo los malos decidirán la culminación de este estado de consternación que genera buenos beneficios económicos a pocos y aterradoras desgracias a muchos.

La vida de angustia y de terror, consecuencia de la guerra en el Medio Oriente, la de Ucrania, la ofensiva entre Afganistán y Pakistán, el bombardeo a Caracas, el genocidio de pueblo Palestino, las sanciones económicas contra Venezuela, Cuba, China, la Federación Rusa, la guerra contra Irán por parte de dos gobiernos hostiles, son consecuencia de una manera de entender la política de ciertos gobernantes para dirimir las diferencias entre las naciones por la vía de la fuerza y no por la vía diplomática.

Se debe entender que las guerras las propician o la declaran solo los gobernantes y no los pueblos, y aquellas solo benefician económicamente a un grupo muy reducido, como son los políticos, los generales, las corporaciones fabricantes de material de guerra (aviones, portaaviones, tanques, fusiles, drones, lanzallamas, bazucas…), los vendedores de armas, los proveedores de material de guerra: desde un par de lentes, uniformes hasta un par de zapatos como parte del equipo que necesita un soldado para acabar con la vida de un prójimo que no conoce.

El problema estriba en que no todos los gobernantes son gentes normales psíquicamente, por ser personas, muchos de ellos pueden padecer enfermedades mentales que no son visibles externamente, solo se hacen presente, lamentablemente, durante el ejercicio del gobierno. La historia nos revela un sinnúmero de gobernantes con enfermedades mentales o trastornos psicológicos o conductuales que han llevado a un imperio o a una nación entera a un cataclismo con graves consecuencias para los súbditos o habitantes. Me voy a detener en perturbaciones mentales y en comportamiento conductuales criminales que padecieron y padecen algunos gobernantes. Estos trajeron y acarrean como corolario la muerte de millones de personas, hasta el fin de civilizaciones enteras, se trata de la locura, el genocidio y la pedofilia.

Veamos un resumen de algunos reyes conocidos por sufrir episodios de locura, entre ellos el rey Jorge III del Reino Unido (1380); Carlos VI de Francia (1380, quien tenía la idea fija de que era de vidrio y que se podía romper en cualquier momento; Fernando VI de España; Felipe V de España; Erik IV de Suecia, un maniático violento quién murió envenenado; Luis II de Baviera quien fue acusado de paranoia por una comisión. A la anterior lista debo agregar los emperadores romanos como el psicópata Calígula, el pirómano Nerón, Tiberio maestro del vicio, Claudio, el megalómano y el criminal Heliogábalo y Cómodo, conocidos por sus comportamientos considerados desequilibrados o extravagantes, sus conductas sexuales depravadas y por el reinado del terror. En esto de la chifladura no se escapa alguno que otro papa, se trata de Esteban XI quien exhumó a su predecesor (897 d.C) y ordenó desenterrar al papa Formoso nueve meses después de su muerte. Fue declarado culpable y como castigo le amputaron los tres dedos de la mano derecha utilizados para bendecir y sus huesos fueron descuartizados y arrojados al Tíber. No creo que el coco de Esteban estuviera funcionando bien. Quizás parte de la locura de aquellos nobles hidalgos fue consecuencia de los matrimonios endógenos que, para perpetuar la estirpe, se concebían uniones matrimoniales entre personas de ascendencia común, pertenecientes al mismo grupo familiar, como hermanos, primos o familiares más lejanos. Como se lee en esta disertación, este fue el legado de aquella aristocracia, quienes en su afán de mantener el linaje y el estatus económico no les importó el mal que le causaban a la sociedad de la época.

Sin exagerar la conducta más generalizada a lo largo de la historiografía es el genocidio, es decir, los crímenes violentos cometidos contra otros grupos con la intención de destruir su existencia. El factor común en esta ignominiosa transgresión es el odio, el cual es transferido de generación a generación de un grupo social a otro. Esta animadversión se fundamenta en convencimiento de un grupo social o etnia que es mejor o superior al de los demás, tal odio es inculcado en la mente de otro sector que al final se traducirá en racismo, la ideología que sostiene la superioridad de un grupo étnico frente a otros, promoviendo la discriminación, exclusión, deshumanización y persecución. No cabe duda, el genocidio es un delito que se fundamenta en el racismo.

Si hurgamos en el basural de la historia se podrá encontrar episodios genocidas por montones, muchos de estos ligados a las religiones. No cabe duda que la Inquisición de la Santa Iglesia Católica fue un acto genocida que permitió el exterminio de herejes, judíos, homosexuales, "brujas", entre tantos grupos sociales y étnicos. Con la ventaja de expropiar (despojar) los bienes de los condenados al fogón que enriquecieron a obispos y arzobispos. Lo anterior es una nimiedad comparado con el genocidio de las tribus de lo que es hoy América de Norte y Sudamérica perpetrado por los Reyes Católicos de España y otras majestades, los monarcas del Reino Unido, entre ellos el rey Jacobo II (1685-1688), la reina Ana (1702-1714), el rey Jorge (1727-1760), el rey Jorge II (1727-1760), responsables del asesinato de más de 100 millones de habitantes de los pueblos originarios y el exterminio de miles de civilizaciones.

La Iglesia Católica Apostólica si sabe de genocidio, entre los que debo resaltar el exterminio de los Templarios, una orden militar religiosa extinguida por Felipe IV el hermoso y el papa Clemente V. Debo agregar a lo anterior la aniquilación de Cátaros y Albigenses acusados de herejía por parte del papa Inocencio III donde murieron más de 30.000 víctimas. Algo similar a la noche de San Bartolomé (1572), otro episodio lúgubre de genocidio autorizado por Catalina de Medicáis y su Hijo Carlos IX, cuando los católicos arremetieron contra los hugonotes de Francia dejando un saldo de más de 2000 víctimas. Las Cruzadas fue una guerra de exterminio contra los moros, en el afán de los nobles europeos de apoderarse de las tierras del Medio Oriente. En esta barbarie estuvieron comprometidos varios papas entre ellos Gregorio VII, Inocencio III, Urbano II dado que tal arremetida duró más de doscientos años (1096-1291) con un saldo de entre dos millones a seis millones de muertos entre católicos, musulmanes y judíos.

La lista de los genocidios en todo el planeta es extensa, basta recordar los muertos ocasionados por la colonización inglesa en el subcontinente indio por más de 300 años, en este tétrico período el imperio británico causó en la India entre 100 y 165 millones de muertes. Esto se debió a políticas proteccionistas que drenó la riqueza, destruyó la industria textil local, impuso impuestos exorbitantes y permitió que millones de indios murieran de hambre durante hambrunas masivas. Hasta la reina Victoria fue proclamada Emperatriz de la India en 1876, un título que simboliza el dominio británico sobre el subcontinente y su reconocimiento como la "joya de la Corona" del Imperio Británico. Winston Churchill fue un firme defensor y cómplice de la colonización de la India, quien consideraba una "gran obra" de Gran Bretaña con la misión de gobernar a pueblos "primitivos pero agradables" para su propio bienestar y el de los británicos. Mortandad justificada.

El genocidio es la carta de presentación de las potencias europeas desde el siglo XV hasta el presente. En tales sombríos sucesos estuvieron en África, Asia, Oceanía y las islas del Pacífico, devastando esos territorios españoles, portugueses, holandeses, británicos, alemanes, italianos y belgas. De este último debo señalar la actuación funesta del rey Leopoldo II de Bélgica, quien consideraba el Congo (hoy república democrática del Congo) como su propiedad, a su muerte legó esas tierras (como herencia) a la nación que lo vio nacer. La presencia de los belgas por esa zona de áfrica dejó un saldo de más de 10 millones de muertos. Podemos continuar sin poder culminar este trabajo debido a los numerosos genocidios ocurridos en todo el orbe, por ejemplo, el genocidio de los tutsis (1993) en Burundi, con un saldo de 100 mil víctimas, el de Ruanda (1994) con un saldo de un millo de muertos; el genocidio de armenios (1915-1923) llevado a cabo por los turcos del Imperio Otomano; el genocidio de judíos, más de 5 millones de judíos asesinados por el gobierno nazi de Alemania; el genocidio de los vietnamitas, más de seis millones de muertos en el enfrentamiento con el gobierno estadounidense y los genocidios de Hiroshima y Nagasaki (1945) cometido por el presidente de EEUU Harry Truman, con un macabro resultado de 300.000 muertos.

Recién tenemos el genocidio del pueblo palestino en la franja de Gaza (más de 70 mil víctimas, la mayoría niños) consumado por el criminal Netanyahu en complicidad con el gobierno estadounidenses del gordinflón Donald Trump y la UE. Y al anterior debo agregar el criminal genocidio cometido contra160 niñas estudiantes iraní que fueron bombardeadas brutalmente por misiles que portaban aviones de EEUU. Da la impresión que el genocidio es una práctica normalizada de los gobiernos de EEUU y de la administración sionista de Israel.

Todo lo anterior me obligó agregar el comportamiento desusado y deparado algunos personajes de la política, que pareciera que fuera una copia de las aberrantes costumbres de algunos frailes católicos y pastores evangélicos. Se trata de la pedofilia en la cual están involucrado el delincuente sexual Epstein, así como otros sujetos de los mejores estratos sociales de la sociedad financiera, artística, industrial, política, hasta el mismo presidente de EEUU el rubicundo Donald Trump. Tal conducta corrompida en la personalidad de un jefe de estado demuestra la decadencia en la que está sumida nuestra sociedad, no solo esta, sino la de un gobierno que se considera un modelo de democracia para ser exportada e implantada a la fuerza en otros confines de la tierra. Como se ve, tal como aquel viejo imperio romano cuyas prácticas militares, políticas, económicas, sexuales condujeron a su desaparición, hoy por hoy el pederasta Trump está haciendo todo lo posible por el derrumbe de lo que se llamó la civilización occidental o la mal llamada sociedad judeocristiana. La absurda guerra de Israel- EEUU contra Irán habla por sí sola. Es obligado dar un giro a la política, no es posible que la fuerza y la violencia halla sustituido la diplomacia y el genocidio se convirtió en una práctica cotidiana de algunos gobiernos criminales, quizá por eso que el historiador español José Luis Rodríguez Jiménez expresó: "Aprendemos tan poco y mal de la historia de la humanidad, que hay pueblos que fueron víctimas del horror del genocidio, que con el paso del tiempo se convirtieron también en genocidas". Lee que algo queda.


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