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Argentina, reino de la impunidad y colusión

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18.06.2026

En Argentina, ha llegado a ser una práctica cotidiana, aún no superada, que escritura y pensar sobre lo deseante en términos esquizoides, estén estrechamente ligados al ejercicio del poder corporativo de mafia delictiva, enquistada en el país, en los más diversos espacios del acontecer de lo que fue una República... Sumada a la decepción relativa a la indisposición ante la verdad, ocultada sistemáticamente por el gobierno y el establishment, siempre dispuestos a normalizar la mentira como norma y regla de su proceder delictivo, en complicidad con una sociedad silenciosa, temerosa, sin ánimos de accionar ante el aniquilamiento a la que se encuentra expuesta, auspiciada alegremente, por una horda de bestias repugnantes, que han eliminado la posibilidad de permanecer en esta vida, con dignidad, ética y armonía en la relación... De eso se trataba ¿no?

La creencia en la bondad de los fundamentos -ética, sentido, historia, progreso, hombre- se reemplaza por una especie de creencia en la omnipotencia de unas fuerzas dispersivas, caóticas, contradictorias, demoníacas, que sin dudas los argentinos han naturalizado, glorificando los mitos y las leyes de la destrucción: ruina, entropía, caos.

El endurecimiento global de las políticas represivas a los disidentes con el sistema totalitario que impera en el planeta, y la expansión de la esclavitud moderna están estrechamente interconectados. Las narrativas restrictivas y la criminalización de quienes asimilados a la legalidad, resisten al dominio no solo político, sino también social, económico, cultural y hasta en la vida privada de los ciudadanos de este sistema autocrático, empujan a millones de personas a una existencia de sobrevida, dejándolas en una situación de extrema vulnerabilidad frente a redes de explotación, trabajo forzado y trata de personas.

El control y la vigilancia digital, en este presente que no da espacio a revelar la verdad que se oculta de modo rutinario, configuran hoy una infraestructura global que permite predecir conductas masivas en contextos de fragmentación social o anomia estatal, privatizada, asimilada al drama que soporta una humanidad en sumisión total al régimen.

Cuando las normas sociales pierden su fuerza regulatoria, los mecanismos de vigilancia tecnológica sustituyen la cohesión social tradicional por la automatización del orden, como podemos apreciarlo en el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, donde su intendente, el tandilense Jorge Macri, ha instalado un estado policial, que devino en conseguir temor ciudadano, tanto del porteño, como de los que ingresan a la ciudad día a día, a mi Buenos Aires........

© Aporrea