Lo que sirve y no sirve de la ONU
La ONU es un edificio que a veces parece un faro y a veces un museo. Un faro porque ilumina rutas en medio de tormentas que no le pertenecen; un museo porque conserva vitrinas de promesas que el mundo observa con nostalgia o desconfianza. En sus pasillos resuena el eco de un planeta que quiso ser mejor, pero que todavía arrastra las cadenas oxidadas de 1945.
Sirve, sí. Sirve como puerto donde barcos enemigos pueden fondear sin dispararse. Allí, en ese muelle diplomático, los países se miran con recelo, pero se miran. Y a veces basta con eso para que la pólvora no se encienda. Sirve también como manantial: de sus agencias brota agua para los sedientos, vacunas para los vulnerables, refugio para quienes huyen con la vida colgando de un hilo. UNICEF, ACNUR, el PMA… son manos que sostienen al mundo cuando el mundo se desploma.
Y en ese entramado aparece UNESCO, que es como una guardiana de la memoria y del espíritu. Mientras otras agencias apagan incendios urgentes, UNESCO cuida los fuegos lentos: la educación, la cultura, el patrimonio, la ciencia. Es una arquitecta de puentes invisibles, convencida de que un libro abierto puede ser tan decisivo como un tratado, y que un sitio patrimonial protegido puede evitar que un pueblo pierda su alma. Su trabajo es silencioso, pero........
