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Doctorados y cátedras de los chinos

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14.04.2026

Doctorados y cátedras de los chinos

Begoña hubiera preferido ir a Coachella, a ver a los Strokes, pero como mujer de Estado ha sabido dar la talla académica en Pekín

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Título blanco, título negro, lo importante es que cuelgue de una alcayata. Eso vino diciendo Felipe González a la vuelta de su primer viaje a China, fascinado por una sabiduría oriental que en la práctica supo combinar con su atlantismo yanqui y, en general, con ... una multipolaridad más ideológica que geoestratégica. Lo mismo le daba ocho que ochenta, y eso que eran otros tiempos, más bipolares. A Pedro Sánchez, también multipolar, pero en grado de desfachatez, son otros tiempos, le acaban de entregar una cátedra honoraria en la Universidad de la Academia China de las Ciencias, institución académica que se hermana así con nuestra entrañable Complutense en la concesión de títulos extraordinarios. El presidente del Ejecutivo se fue doctor y vuelve catedrático, como Begoña, y sin sacrificar el orientalismo de un doctorado en Económicas que se compró en los chinos, bazar del plagio industrial y la falsificación de contenedor. «Es la primera vez que España tiene un presidente que es doctor», aseguró con soberbia vaticana y en septiembre de 2018 la hoy embajadora Isabel Celaá, pasando por alto el doctorado que medio siglo antes y sin hacer fullerías había obtenido Leopoldo Calvo-Sotelo en la Escuela de Caminos. Lo chino siempre ha salido más barato. Gato negro, gato blanco, lo importante es que cace ratones en el lado correcto de la historia.

Begoña hubiera preferido ir a Coachella, a ver a los Strokes y recordar cuando Pedro la montaba en el avión y la llevaba a la zona VIP del festival de Benicasim, pero como mujer de Estado ha sabido estar a la altura y dar la talla académica que le corresponde como catedrática en un acto como el organizado el pasado lunes por la Universidad de la Academia China de las Ciencias. «Pedro, ¿entonces meto en la maleta el birrete?». «Déjalo mejor para lo de Peinado, que la gente va muy arreglada».

La Universidad de la Academia China de las Ciencias encabeza desde 2016 el índice Nature como el primer centro de investigación del planeta, y no reparte cátedras a la buena de Dios, como una Complutense cualquiera. Pekín afronta muchos retos –demográficos, energéticos, comerciales, territoriales, diplomáticos–, pero su mayor problema no es otro que la corrupción. Los tribunales chinos instruyeron el año pasado 36.000 causas de sobornos y similares, con un aumento interanual del 22,4 por ciento. Por su parte, la Comisión Central de Inspección Disciplinaria y la Comisión Nacional de Supervisión recibió a lo largo de 2025 más de 4,2 millones de denuncias y abrió millón largo de expedientes contra mandos intermedios del régimen. La fórmula magistral del marido de Begoña contra la corrupción adquiere un valor incalculable en la China de Xi, asombrada por la gestión sanchista de una crisis de credibilidad y confianza muy similar a la que socava su modelo autoritario.

—Hacedme catedrático extraordinario, como a Begoña, y os digo cómo.

Ya están los chinos falsificando una ola reaccionaria de polipropileno, en la nave que queda justo detrás de donde hacen las camisetas del Mundial, para echarle la culpa de todo.


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