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El ‘No a la guerra’ que duró un día

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17.03.2026

Sánchez es un animal político con una extraordinaria capacidad para sobrevivir a las adversidades. Aunque eso le lleve a sostener hoy una posición política y mañana la contraria, o a decir una cosa y hacer otra. Lo hemos visto con claridad en la cuestión del genocidio en Gaza: el gobierno aseguró que desde el 7 de octubre de 2024 se aplicaba un embargo total de armas sobre Israel. Sin embargo, pronto se supo que España mantenía una fluida relación comercial de compraventa de material militar con el Estado hebreo. Posteriormente, se aprobó una ley para consolidar ese embargo y, aun así, hoy se sigue comprando tecnología militar a Tel Aviv por — según se nos dice— razones de “interés nacional”.

Cuando Trump y Netanyahu atacaron Irán, nuestro ínclito presidente vio una oportunidad de oro para mitigar el desgaste que su gobierno venía acumulando por cuestiones como la vivienda, los salarios, las infraestructuras y el precio de los alimentos. Compareció entonces solemnemente ante la ciudadanía y pronunció la frase mágica: “no a la guerra”.

Todo el mundo sabe que un buen eslogan vale más que mil programas políticos y que, si se lanza en el momento oportuno, su efecto puede resultar demoledor. A las gentes progresistas de este país se les pusieron los pelos de punta: Sánchez parecía haber conectado emocionalmente con quienes se distanciaban de un gobierno cuya inclinación a favorecer a los más ricos comenzaba a resultar demasiado evidente. Además, el gesto tenía el valor añadido de dejar en evidencia a........

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