Las lÃneas rojas de la sociedad civil venezolana, por Rafael Uzcátegui
Las lÃneas rojas de la sociedad civil venezolana, por Rafael Uzcátegui
Como consecuencia de la duración del conflicto, el desgaste y la represión post 28J, la sociedad civil venezolana experimenta su peor momento de fragmentación. Sin embargo, la dispersión de esfuerzos y abordajes sobre la posibilidad de una transición a la democracia en el paÃs pudiera remar hacia el mismo lado si se establecen lÃneas rojas comunes que no deberÃan cruzarse.
¿Cuáles pudieran ser estos lÃmites? El problema no es la parcelación. El problema es no saber qué no estamos dispuestos a aceptar.
Durante muchos años se repitió que sin «unidad» no habÃa posibilidad de cambio entre nosotros. Pero esa premisa, útil en ciertos momentos, también puede convertirse en una trampa cuando la realidad no lo permite. Insistir en una cohesión forzada que no existe, y que puede durar mucho tiempo para construirla, puede paralizar más que movilizar.
Lo que sà está sucediendo luego del 3E, de manera incipiente, es otra cosa: la acción descentralizada. Iniciativas que emergen desde distintos lugares, con diversos planteamientos (desde la libertad de los presos polÃticos hasta la mejora de los salarios), desde actores que prueban, ajustan, tantean la reacción de las autoridades.
No es un escenario ordenado ni articulado, pero tampoco ocurre en el vacÃo. Es una fase. Una forma de recomposición luego del terrorismo de Estado, en medio de la incertidumbre de una transición, en el mejor de los casos, en proceso.
No es un escenario ordenado ni articulado, pero tampoco ocurre en el vacÃo. Es una fase. Una forma de recomposición luego del terrorismo de Estado, en medio de la incertidumbre de una transición, en el mejor de los casos, en proceso.
El detalle es que la dispersión, sin valores y principios compartidos, también tiene riesgos. Puede abrir la puerta a contradicciones, a procesos de cooptación, a la normalización de lo inaceptable. Sin ciertos lÃmites, cada quien puede terminar empujando en direcciones incompatibles, lo que serÃa absolutamente funcional al autoritarismo.
Nos gustarÃa que el movimiento democrático estuviera en otro momento, con una agenda clara de reivindicaciones sobre la mesa, presionando para disputar el sentido de la transición. Pero no es asÃ. Y reconocerlo no es una debilidad. Es una condición para pensar estratégicamente.
En contextos como el venezolano, podemos transformar lo que pareciera una debilidad en una ventaja: la descentralización estratégica. Una forma de acción en la que múltiples actores intervienen simultáneamente desde distintos frentes, sin necesidad de una coordinación central, pero sin perder coherencia. Por ello hoy, la sociedad civil no necesita unanimidad: necesita lÃmites compartidos. «LÃneas rojas» que no deberÃan cruzarse.
Definir cuáles son nuestras lÃneas rojas ni es un programa polÃtico, ni es una agenda común detallada. No buscan sustituir la diversidad de estrategias ni las diferencias entre actores. Son, más bien, un conjunto de mÃnimos éticos y democráticos que permiten actuar como enjambre sin perder coherencia.
Definir cuáles son nuestras lÃneas rojas ni es un programa polÃtico, ni es una agenda común detallada. No buscan sustituir la diversidad de estrategias ni las diferencias entre actores. Son, más bien, un conjunto de mÃnimos éticos y democráticos que permiten actuar como enjambre sin perder coherencia.
Las potenciales marcas limÃtrofes
Proponemos, para el debate, un conjunto de 10 lÃneas rojas:
Consulta y soberanÃa ciudadana: no puede haber resolución del conflicto sin mecanismos verificables de consulta a la población. No se trata solo de «escuchar» a la........
